La primera planta del palacio Mudéjar fue realizada en el siglo xiii por Pedro I, aunque fue reformada por los Reyes Católicos en el siglo xv y por Isabel II en el siglo xix. Es conocido como cuarto Real Alto. Hay diversas estancias para el uso de los monarcas. En la sala que sirvió de comedor en el siglo xix hay un cuadro de Murillo, El milagro de san Francisco Solano y el toro.
Entre estas estancias situadas en la planta alta del palacio destaca el Oratorio de los Reyes Católicos, en el que se encuentra el altar y retablo de azulejos de la Visitación de la Virgen realizado en 1504 por el ceramista italiano Francisco Niculoso Pisano.
El rey Alfonso edificó su palacio Gótico junto al patio del Crucero. Las primeras noticias de obras en el periodo del rey Alfonso datan del 22 de marzo de 1254, cuando ordenó que se hiciera un conducto para llevar agua del acueducto de los Caños de Carmona al interior del Alcázar.
El palacio Gótico del Alcázar fue reformado por Carlos I, aunque se conservó la estructura gótica de la planta baja. Los zócalos de las paredes están decorados con azulejos realizados por Cristóbal de Augusta entre 1577 y 1578, durante el reinado de Felipe II.
Probablemente, aquí estuvo la capilla de San Clemente, creada en 1271. En la actualidad está presidida por un retablo de la Virgen de la Antigua, realizado en el siglo xviii por Diego de Castillejo y que contiene una copia anónima de la existente en la catedral de Sevilla.
El Gran Salón, también conocido como sala de las Bóvedas o sala de Fiestas, cuenta con cuatro sargas encargadas por Alfonso XIII al pintor Gustavo Bacarisas para el pabellón Real de la Exposición Iberoamericana de 1929. Las pinturas de las sargas están relacionadas con la navegación colombina.Junto a ella hay una habitación más pequeña, conocida como sala Cantarera, que desde 2015 es empleada para exposiciones temporales.
Salón de los Tapices. Fue reconstruido totalmente en el siglo xviii. La fachada de este salón es la fachada sur del patio del Crucero.
Está decorado con seis tapices de la conquista de Túnez por Carlos I, realizados en la década de 1730. En el siglo xvi se realizaron una serie de tapices flamencos en el taller de Willem de Pannemaker sobre la conquista de Túnez por Carlos I. De los 10 tapices producidos en la década de 1730 seis se encuentran en esta sala del Alcázar de Sevilla y los otros cuatro están en Madrid.
Los jardines constituyen un elemento fundamental del Alcázar. Son los más antiguos de la ciudad y desde su creación han sufrido grandes alteraciones que han transformado su trazado primitivo. En la Baja Edad Media había configurado un Alcázar con edificios de distintas épocas, pequeños patios ajardinados y grandes huertas. Fueron reformados en el siglo xvi y a comienzos del siglo xvii, conservando como herencia musulmana el concepto de jardines compartimentados sin ninguna vinculación entre ellos, al igual que lo habitual de las fuentes bajas, los azulejos y los naranjos.
Saliendo de los salones del palacio Gótico se accede al conocido como jardín de la China. Los arriates están separados con setos de mirto. En ellos hay plantados un falso pomelo. Este jardín se separó de la zona del estanque de Mercurio en el siglo xvi, durante el reinado de Felipe II. El estanque de Mercurio es probable que se construyera en el periodo árabe como elemento de almacenamiento y regulación para el suministro de agua de toda la alcazaba.
En el centro de este estanque hay una estatua de bronce de 1576 del dios griego Mercurio, diseñada por Diego de Pesquera y fundida por Bartolomé Morel. De los mismos autores son la baranda que rodea el estanque, las figuras de leones sosteniendo escudos que hay en sus ángulos y las 18 bolas con remates piramidales que rodean el estanque
Detrás del estanque de Mercurio se levanta un muro de 160 metros de largo que avanza en dirección noroeste-sureste por los jardines y que compartimenta la zona verde en dos áreas diferenciadas: a un lado los jardines primitivos y por el otro, la antigua zona de huertas que fue convertida también en jardines a finales del siglo xix, en los que abundan los naranjos y limoneros.
El origen de esta construcción se encuentra en un antiguo lienzo de muralla almohade del siglo xii, que servía como defensa militar y de las inundaciones del río Tagarete. En 1612, el arquitecto Vermondo Resta transformó la muralla en la actual Galería de Grutescos decorada en una de las caras de la muralla. La ornamentación consistió básicamente en el revestimiento de los muros con hiladas de piedras diferentes, el enfoscado y la pintura entre las piedras, con imitaciones de mármoles y frescos realizados por Diego Esquivel de escenas mitológicas clásicas. Las transformaciones llegaron hasta el siglo xix, cuando esta zona adquirió el aspecto que presenta actualmente. Esta muralla cuenta también con una galería superior visitable desde la que se tiene una espléndida visión.
Bajando unas escaleras, junto al estanque de Mercurio, se encuentra el jardín de la Danza. Este jardín fue realizado en la década de 1570. Por un pasaje puede accederse a los baños de María Padilla, que son unos pasajes abovedados del siglo xii.
El nombre se debe a que en el siglo xvi había dos estatuas en las dos columnas que hay en la entrada que representaban un sátiro y una ninfa bailando. Estas estatuas fueron fotografiadas por última vez por Jean Laurent en el siglo xix, pero en la actualidad se encuentran desaparecidas. En el centro hay una fuente baja del siglo xvi.
Jardín de Troya. Se trata de un patio manierista ajardinado. En el lado sur hay una galería con arcos de medio punto y detalles grutescos en las columnas que fue realizada por Vermondo Resta en 1606. En la primera planta del lado opuesto hay una galería con arcos de medio punto y columnas de mármol dóricas realizada por Lorenzo de Oviedo en la segunda mitad del siglo xvi. El suelo se colocó en 1599. En el centro hay una fuente con una taza de mármol. La fuente fue colocada entre 1675 y 1759.
Jardín de la Galera. Está comunicado con el jardín de Troya por un arco de medio punto y también por una escalinata con una estancia del palacio de Pedro I. Posee cuatro arriates con diversa vegetación. Hay una columna de mármol con una inscripción en homenaje a Al-Mutamid.
Jardín de las Flores. En el centro hay un pequeño estanque rectangular. Están los restos de una pequeña gruta construida a finales del siglo xvi y que hoy alberga un busto de Carlos I.
Jardín de la Cruz. Se accede a través del jardín de las Flores o del jardín de las Damas, atravesando la puerta de Hércules. La puerta recibe ese nombre porque tiene una pintura en el frontispicio que representa la lucha entre Hércules y Anteo. En el centro del jardín hay un montículo con una fuente y un hueco en la parte inferior, que ha recibido el nombre de Gruta de las Sultanas.
Junto al jardín de las Flores se encuentra el jardín del Príncipe. Su nombre viene porque se puede acceder a él desde el cuarto del Príncipe, donde nació el príncipe Juan en el siglo xv. La fachada del fondo es obra de Lorenzo de Oviedo en el siglo xvi. En ella hay una planta baja con una galería con columnas de mármol que sostienen arcos de medio punto. Arriba hay una primera planta con ventanas y, sobre esta, una segunda planta con otra hilera de columnas y arcos de medio punto. Se trata de arquitectura manierista. El jardín está dividido en cuatro por setos y tiene una fuente en su centro, realizada entre 1760 y 1770.
El jardín de las Damas se hizo en 1526, con motivo de la boda de Carlos I e Isabel de Portugal. A principios del siglo xvii se amplió y rediseñó, por el arquitecto milanés Vermondo Resta, en dirección a la antigua huerta de la Alcoba. El jardín linda en el este con la Galería de Grutesco, con su monumental Fuente de la Fama. Es la única fuente de este estilo que queda en España. Se trata de una representación alegórica de la fama, cuyo mecanismo hidráulico ha sido recientemente restaurando. Produce notas musicales en los tubos de un órgano cada hora en punto al pasar el agua a través de ellos. En el siglo xviii se hicieron con setos de boj los escudos heráldicos españoles. El jardín se dibujó como un gran rectángulo dividido en ocho compartimentos a lo Vignola, delimitados con setos de mirto y bonetero. Mientras que las fuentes de los paseos laterales son bajas y muy cercanas al suelo, la fuente central es de proporciones monumentales y coronada por una estatua de bronce de Neptuno realizada al estilo de Giovanni de Bolonia.
El pabellón de Carlos V fue construido entre 1543 y 1546 por Juan Fernández. Es de estilo mudéjar. Tiene planta cuadrada. En el interior hay una bóveda semiesférica. Todos sus muros, tanto interiores como exteriores, así como sus bancos, están cubiertos de azulejos del siglo xvi realizados por Juan Polido y su padre Diego Polido. El exterior está rodeado de cuatro galerías porticadas con arcos de medio punto apoyados sobre columnas de mármol.
En donde está el jardín de Troya hubo un laberinto hasta finales que se puso un suelo en 1599. En el jardín de la Cruz del Alcázar se situó posteriormente un laberinto de setos que fue destruido en 1910. En 1914 el marqués de la Vega-Inclán, comisario regio de Turismo, decidió construir uno nuevo al sur del Pabellón de Carlos V, basándose en el plano que hay en el suelo de dicho pabellón.
Diego Martín de Orejuela construyó dos cenadores en el siglo xvii. Estos fueron el cenador Ochavado, desaparecido en la actualidad, y el cenador del León, que se conserva. El cenador del León se construyó entre 1644 y 1645. Hay una estancia de planta cuadrada a la que se accede por un arco de medio punto. En los tres flancos restantes hay ventanas insertas en hornacinas. Esta estancia está cubierta por una cúpula con azulejos en el exterior. En frente hay una fuente con un león, de procedencia desconocida.
Esta zona se encuentra dentro de los muros del Alcázar desde la ampliación almohade del siglo xii que se hizo en dirección a la actual calle San Fernando. Hasta el siglo xx esta zona había seguido siendo un espacio agrario, de origen medieval, conocido como huerta de la Alcoba. El espacio actual, que imita el estilo de los jardines ingleses, es de una reforma de 1927. El jardín fue creado por una petición de Victoria Eugenia de Battenberg al comisario regio de Turismo, el marqués de la Vega-Inclán. En 2008 se encontraron en esta zona restos arqueológicos romanos, visigodos y de tres casas almohades.
Desde el jardín de la China se puede acceder al jardín del Marqués de la Vega-Inclán. La entrada hacia el jardín de la China es la puerta de Marchena, del siglo xv, trasladada a este lugar en 1913 por el entonces conservador del Alcázar, el marqués de la Vega-Inclán. Esta portada gótica fue adquirida por Alfonso XIII en una subasta de bienes de la Casa de Osuna y provenía de un palacio abandonado de los duques de Arcos en la localidad de Marchena.
Todo este jardín se creó a comienzos del siglo xx. Fue la antigua huerta del Retiro, que se extendía hasta el cercano paseo de Catalina de Ribera. En la actualidad es un jardín de calles paralelas y perpendiculares decorado con diversas especies vegetales y fuentes.
Jardín de los Poetas. Fue realizado entre 1956 y 1958 por el entonces conservador, Joaquín Romero Murube . Tiene dos grandes estanques y recrea tipológicamente el jardín sevillano, síntesis de influencias islámicas, renacentistas y románticas.
Apeadero y patio de Banderas. En un edificio del patio de Banderas, el número 8, se han encontrado restos del palacio del rey poeta Al-Mutamid. En la puerta de la muralla que da acceso al patio de Banderas desde la plaza del Triunfo, hay un retablo, con la Inmaculada Concepción, del último tercio del siglo xvii.
En el patio de Banderas se encuentra la puerta del Apeadero del Alcázar. El Apeadero es un vestíbulo rectangular con columnas. Fue realizado en el siglo xvii por Felipe III. Fue diseñado por el arquitecto Vermondo Resta y realizado por el albañil Pedro Martín, el carpintero Alonso Durán y el cantero Diego de Carballo en 1609. La portada, de estilo manierista, fue diseñada por Vermondo Resta y realizada Diego de Carballo en 1607. Felipe V situó aquí la Real Armería. Para ello, la sala fue reformada por Ignacio de Sala y Juan Vergel en 1729. En la portada se añadió un escudo real. En el Apeadero hay un retablo del último tercio del siglo xvii que muestra la presentación de la Virgen María en el Templo de Jerusalén.

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