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miércoles, 5 de abril de 2023

CAPILLA DEL ROSARIO

En el Paseo de Colón, fundida en la línea de fachada de la Casa de la Real Maestranza de Caballería, un gran portón guarda la capilla de la Virgen del Rosario, patrona de los maestrantes desde hace casi 350 años. Un recinto en el que se conjuga el mejor barroco del siglo XVII con su adaptación artística de mediados del XX en perfecta armonía, y que viene a simbolizar y envolver el paradigmático devenir de esta centenaria institución nobiliaria, cuyas obras de patronazgo benéfico-social, cultural y patrimonial permanecen prácticamente en el anonimato por la filosofía de mecenazgo alejada de la exhibición pública de acciones y colaboraciones implícita en los genes de los caballeros de la Corporación.

Si en 1905, en plena fiebre de los ensanches de la ciudad, la Real Maestranza no hubiera rescatado las obras de arte de la capilla del Rosario del convento dominico de Regina Angelorum, en el entorno de la Encarnación, que ya había sufrido avatares de la invasión francesa y la Desamortización de Mendizábal, habrían padecido un incierto destino o desaparecido en el fragor de su demolición. Pedro Roldán esculpió la primitiva imagen de la Virgen del Rosario

La capilla del Rosario, lugar de culto maestrante  y con misa para la feligresía todos los domingos a las diez de la mañana, es hoy un trasunto de aquel templo que se levantó en el convento por iniciativa de Nicolás Bucarelli, caballero de ascendencia florentina que recaló en la Sevilla que reinaba en el comercio con las Indias. Se dedicó a esta advocación, cuya cofradía fue fundada por el prior dominico fray Antonio James en 1589 en el convento de Regina Angelorum, nombre recordado por la prédica del famoso fraile Molina en 1613 en contra del dogma de la Concepción Inmaculada de la Virgen.

Para dotar de arte pío y suntuoso aquel recinto, cuya traza se debió a Sebastián de Ruesta y Pedro Sánchez Falconete, se contó con uno de los mayores artistas barrocos del siglo XVII: Pedro Roldán, que diseñó las imágenes y el retablo -ensamblado por Francisco de Ribas-, las tallas en yeso con escenas de la vida de María, e incluso esculpió la primitiva imagen de la Virgen del Rosario. 

Los altibajos se sucedieron en torno al convento y la capilla, donde los maestrantes no pudieron celebrar sus cultos durante la invasión francesa, trasladándose a la parroquia de San Miguel Arcángel, que estuvo en la Plaza del Duque. Por aquellas calendas ya había sido sustituida por su estado de deterioro la imagen de la Virgen del Rosario por la que hoy conocemos, encargada a Cristóbal Ramos en 1794, y que en estos días luce el lazo de dama de la Maestranza.

Finalmente, el recinto sería demolido en 1905. Los maestrantes celebraron sus cultos en el convento dominico de Santa María la Real de la calle San Vicente hasta la construcción de la nueva capilla -integrada en la Casa de la Corporación diseñada por Aníbal González-, con proyecto de Aurelio Gómez Millán que continuó Rodrigo Medina Benjumea y terminó Fernando Barquín. La capilla,bendecida en 1956, con planta de cruz latina y 134 metros cuadrados, es una copia espacial de la de Regina Angelorum.

Fue el cofre para volver a acoger el patrimonio que custodió durante años la Maestranza: el retablo, «máquina arquitectónica articulada por soportes salomónicos», con hojas, volutas, angelitos con las Letanías Lauretanas y coronado por un ático con un Niño Jesús de vestir, todo creado por Roldán, al igual que los ángeles mancebos y los ocho relieves marianos, el zócalo de jaspe encarnado, e incluso la reja de hierro forjado y cincelado que en 1915 fue ubicada bajo el palco Real en la Puerta del Príncipe del coso taurino. De Regina Angelorum también es el frontal de altar, obra filipina de carey y nácar, que se conserva en la sacristía.

La decoración se encargó a Juan Luis Vasallo y José MIguel Sánchez. El primero adaptó el retablo al muro añadiendo una especie de gran embocadura reproduciendo la decoración original. En el luneto sobre él replicó el sol, la luna y las estrellas, hizo las yeserías de la cúpula, las pechinas con los escudos Real y el toisón de oro y el de la Maestranza, los dos ángeles lampadarios y diseñó el Sagrario de plata que realizó Seco, excepto el marfil que figura en su puerta, un Descendimiento regalado por el marqués Villar del Tajo, a la sazón teniente de Hermano Mayor en esa época.

La decoración pictórica se debe a José Miguel Sánchez, desde la pintura en gris y oro, que combina con sepia en paramentos, presbiterio y crucero, hasta las coronas de pámpanos y espigas y los árboles con cartelas de letanías. Destacan las dos pinturas murales: la del palenque de las justas y torneos con San Hermenegildo, San Fernando y los nobles caballeros y la de la Batalla de Lepanto y las naves cristianas frente a los turcos con la visión del Papa San Pío V en la que se le apareció la Virgen del Rosario.

 

viernes, 31 de marzo de 2023

CAPILLA DEL ROSARIO (HUMEROS)



 

La actual sede de la Hermandad se levanta en el lugar conocido antiguamente como Resolana del río (o del Arenal), terreno ubicado extramuros entre la ribera del Guadalquivir y las Atarazanas Reales, donde existía una cruz con un templete. Desde el año 1635 el germen de la Hermandad de la Santa Cruz se instala en este humilladero, ya que numerosos fieles se reunían para rezar el Rosario a la caída del sol. Dicha costumbre se afianza años más tarde cuando la corporación se fusiona con la Congregación del Rosario, surgiendo así la Hermandad de la Santa Cruz y Nuestra Señora del Rosario. El 26 de julio de 1699 conceden licencia municipal a la nueva hermandad para realizar obras y edificar una modesta construcción.

Durante la invasión francesa las tropas napoleónicas profanaron la capilla, convirtiéndola en fragua y taller para herrar sus caballos. Por ironía del destino la calle recibiría después un nombre, Dos de Mayo, que es casi un desagravio histórico: la memoria de la resistencia nacional frente a la opresión francesa. En el año 1815 sufre una reedificación y es abierta de nuevo al culto, aunque en 1868 vuelve a quedar clausurada por los propios vaivenes políticos del momento, salvándose la imagen de la Virgen gracias a la diligencia de unos devotos.

El siglo XX no calma los acontecimientos y trae nuevos infortunios a la singular historia del edificio ya que el acuartelamiento de artillería, instalado en las Atarazanas, intentó usurpar esta capilla a la Hermandad, aunque sin éxito. Debido a las construcciones adosadas a sus muros que levantaron los militares hacia 1848 y al Decreto de fusión con la Archicofradía del Santísimo Cristo de las Aguas, en 1977 se acometen una serie de obras de ampliación y reforma bajo la dirección del afamado arquitecto sevillano Don Antonio Delgado Roig, centrándose en la casa de hermandad y acondicionamiento de los espacios para los nuevos titulares. En 1985 la Capilla del Rosario es declarada Monumento Histórico por parte de la Conserjería de Cultura de la Junta de Andalucía, lo que ayuda a precipitar la necesidad de su restauración integral al amenazar ruina y estar protegida por el organismo autonómico. Por estudios de la época parece ser que el derribo del cuartel de la Maestranza de Artillería, a la que estaba unida la primitiva capilla, hizo que la fábrica de ésta se resintiese bastante. Fue entre los años 1989-1992 cuando la Hermandad decide desplazarse a la cercana Parroquia del Sagrario y edificar una nueva capilla, manteniendo únicamente de la estructura primitiva los cuatro pilares sobre los que descansa la pequeña cúpula y la espadaña.

La actual Capilla del Rosario es una construcción abovedada moderna diseñada por los arquitectos del Teatro de la Maestranza Luis Marín y Aurelio del Pozo. La única portada se abre a los pies de la nave principal, y se trata de un gran portalón adintelado. A ambos lados de la puerta de ingreso se pueden ver sendos azulejos realizados por Don Juan Luis Aguado Granell, del Santísimo Cristo de las Aguas (a la izquierda) y de Nuestra Señora del Mayor Dolor (derecha). Detrás de la fachada se levanta una sencilla cubierta piramidal de base octogonal, tejada con la llamada teja árabe vidriada, así como la espadaña original de corte neobarroco con dos arcos y campanas, rematada por una cruz de forja, lo que recuerda al antiguo humilladero que hubo en dicho lugar. A la derecha de la portada se alza la torre, de base cuadrada, constituida en tres cuerpos con pequeños vanos adintelados y un remate con almenas. En la parte inferior de la torre se encuentra un retablo cerámico de Nuestra Señora del Rosario, cuya autoría es la misma de los azulejos mencionados con anterioridad. El lateral que da a la calle Dos de Mayo, y que acoge las dependencias auxiliares, carece de interés arquitectónico artístico alguno.

El interior de la capilla se organiza alrededor de una nave con bóveda de cañón, inscrita en una planta de cruz latina muy sutil, puesto que el crucero es casi un mero trámite. El retablo principal es una perfecta simbiosis entre el antiguo retablo que ya obraba en poder de la Hermandad desde la época de San Bartolomé y una ampliación de corte mesurado para encajar en el nuevo muro del fondo y así enriquecer la capilla mayor. En él destaca la portentosa imagen del Santísimo Cristo de Las Aguas, enmarcado por una arquitectura lignaria con arco de medio punto y dos esbeltas pilastras con decoración vegetal y frutal. A la derecha del mismo está Nuestra Señora del Mayor Dolor y al otro lado del retablo se encuentra San Juan Evangelista. Es digno de mención el Sagrario, obra de Orfebrería Villareal de gran belleza y clasicismo, en cuya puerta se representa el pasaje de Jesús y la samaritana.

En dos sencillas hornacinas, en el muro a los pies de la capilla, se encuentran las otras dos imágenes que procesionan en el misterio; entrando a la derecha se halla María Magdalena, y justo enfrente de ésta se encuentra el Ángel que porta el Cáliz.

La cúpula semiesférica está decorada con cuatro pinturas de caballete que representan a los evangelistas y se disponen en la zona de las pechinas. Del centro de la misma pende una hermosa lámpara de cristal.

Justo antes de llegar al retablo mayor, en el muro del evangelio, se encuentra un retablo barroco en cuyo camarín suele ubicarse María Santísima de Guadalupe, mientras que en la zona que se abre en el muro de la epístola se dispone un pequeño enmarcamiento de estilo barroco para Nuestra Señora del Rosario. Ambos retablos son un depósito del antiguo colegio para huérfanos de funcionarios municipales Hogar de San Fernando, de la sevillana calle Don Fadrique, presentando columnas salomónicas con decoración de motivos vegetales y animales (racimos de uvas y pequeñas aves) así como algunos querubines policromados. Fueron adecentados y adaptados para su nueva ubicación en el interior de la capilla.

 

 

ANTIGÜEDAD COMERCIAL: BARES ANTIGUOS

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