A continuación de la Fuente de las Ranas y de otra fuente alargada con surtidores, en un gran espacio ajardinado y rodeada de naranjos, se halla la Fuente o Jardín de Los Leones, la mayor y más vistosa de todas las fuentes del Parque. Elevada del suelo, su forma es poligonal cruzada por dos pasillos perpendiculares que dividen la fuente en cuatro estanques o piscinas. En el cruce de los paseos figura una taza muy baja, con surtidor y decorada con dibujos cerámicos, inicialmente fabricada por Ramos Rejano, y la actual debida a Mensaque Rodríguez y Cía.
Los leones que le dan nombre y que fueron labrados por el escultor Manuel Delgado Brackembury fueron reemplazados por los actuales, obra de Juan Abascal.
Entre la Fuente de los Leones y el Monte Gurugú, al fondo del eje central que delimitan las fuentes, se sitúa una pérgola con bancos que se conserva tal y como la diseñó Forestier al proyectar el Parque de María Luisa.
Cerca de uno de los accesos a esta glorieta, se encuentran una catalpa y un aladierno, especie esta última no muy frecuente en jardinería. La catalpa, en cambio, árbol de crecimiento rápido originario de América del Norte, se ve incluso en alineaciones viarias como en la calle Marqués de Luca de Tena o en Periodista Ramón Resa, donde su llamativa floración blanca inunda calles y aceras.
Las pérgolas que rodean el conjunto de fuentes están cubiertas por trepadoras como bignonias, de origen australiano y de flores blancas con toques purpúreos.
Podemos encontrar también cipreses , palmeras
canarias, palmeras datileras, naranjos, rosales y naranjos
morunos.
La mayor parte de los setos que delimitan los diferentes espacios de
este jardín están realizados con mirto, aunque también
hay otros de bonetero.

