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domingo, 2 de abril de 2023

CAPILLA SANTA MARÍA DE JESÚS


  

En la Puerta de Jerez, enmarcada entre la avenida de la Constitución y la calle San Gregorio, se alza tímidamente, la capilla de Santa María de Jesús. Propiedad de la Universidad de Sevilla y hasta hace poco sede del Consejo General de Hermandades y Cofradías, constituye el único resto que perdura del Colegio-Universidad que fundara Maese Rodrigo de Santaella con su propio dinero en 1506, hace ya  más de 500 años.

«Aquí yace don Rodrigo Fernández de Santaella, Presbítero, Maestro en Artes y Santa Teología, Protonotario de la Sede Apostólica, Canónigo y Arcediano de Reina de la Santa Iglesia de Sevilla; vivió sesenta y cuatro años; falleció el día 20 del mes de enero, año de 1509. Aprended, mortales, a buscar las cosas del cielo».

Además del fundador, fueron enterrados en la capilla universitaria otras cinco personas: el Maestro Alonso de Campos, su albacea testamentario, que había concluido la obra de Santaella, y otros cuatro colegiales: Cristóbal de Godoy Aragón (1685), Francisco de Henestrosa y Mazuelos (1695), Juan Dionisio Díaz Salvador (1709) y Ubaldo Mantilla Trevani (1772), que había sido Rector dos años antes.

El primitivo Colegio fue usado como seminario hasta que, en 1920, con motivo de la adecuación de la ciudad a los fastos de la Exposición Iberoamericana de 1929, se derribó el edificio para ensanchar la conexión de la Puerta de Jerez con la plaza de la Constitución. Tan solo se salvó de la piqueta la capilla, gracias a la labor del prestigioso historiador José Gestoso, que logró la declaración de Monumento Nacional de la misma. También la puerta del edificio pudo librarse, instalándose en el compás del convento de santa Clara. 
 
En la actualidad, el edificio es propiedad de la Universidad de Sevilla, habiendo estado cedida durante varios año, hasta hace muy poco tiempo, al Consejo General de Hermandades y Cofradías, que se ha mudado a un local vecino de la calle San Gregorio. Desde entonces sigue cumpliendo su labor eclesiástica (hay una misa diaria), que alterna con exposiciones.

El edificio de la capilla es de estilo gótico-mudéjar tardío, con partes realizadas en ladrillo visto, aunque algunas crónicas afirman que anteriormente estuvo totalmente enfoscado. Consta de tres fachadas: la de cabecera, que se muestra a la avenida de la Constitución, la de la Epístola, en la puerta Jerez y la trasera, en la calle San Gregorio.

La fachada principal no daba a la calle sino a un patio interior. Tras el derribo del colegio ya se accedía directamente desde la avenida de la Constitución, a través de un pequeño e irregular atrio ajardinado. Durante el transcurso de las últimas obras de rehabilitación del inmueble apareció la solería original del patio, por lo que se decidió dejar ésta y prescindir del jardín. Desgraciadamente, el diseño de la rampa de acceso para personas de movilidad reducida impide contemplar dicha solería. 
 
Esta fachada muestra una portada de ladrillo visto en dos colores con entrada a través de un arco conopial, poco habitual en nuestra ciudad. Fue realizada por Martín Sánchez en 1514. El resto está enfoscado, con un gran óculo central.

La fachada de la Puerta de Jerez nos muestra una hermosa ventana gótica con arquivoltas y tracerías, dos ventanas cuadradas que se añadieron durante la reforma del siglo XVII y una placa de mármol escrita en caracteres góticos que hace referencia a la fundación del colegio. El muro está coronado por merlones escalonados de estilo omeya, asomando sobre la nave una pequeña espadaña, ejecutada también con ladrillo bicolor.

La fachada de la calle san Gregorio tan solo presenta dos detalles de interés: una estrecha ventana (casi una saetera) con alfiz polilobulado, y una gárgola, tan típica en las construcciones góticas.

Cuando pasamos el arco de entrada encontramos una pequeña nave rectangular, dividida en dos partes por un gran arco toral de traza ojival, decorado con motivos vegetales. La parte más cercana a la puerta se cubre con artesonado de madera, en tanto que el presbiterio luce una espléndida y muy pura bóveda gótica de crucería con terceletes.
 
El suelo actual de la capilla está realizado con losas de mármol, que sustituyeron en 1963 el suelo original del edificio. Sí se conservaron los azulejos que cubren los zócalos de las paredes y el frontal de altar, siendo estos últimos de reflejo dorado, constituyendo uno de los pocos ejemplares sevillanos de este tipo de cerámica.
A la izquierda del presbiterio vemos una pequeña puerta, también de trazo ojival que comunica con la sacristía, que es ya una construcción moderna.

La gran joya de esta pequeña capilla es el Retablo Mayor, encargado a Alejo Fernández, uno de los principales pintores de la ciudad en la época y autor, entre otras obras, de algunas de las tablas del Retablo Mayor y de varias pinturas de la sacristía de los Cálices de la catedral. El pintor alemán avencidado en Sevilla lo elabora en 1520, con estructura de estilo gótico, ya tardío, y pinturas que comienzan a mostrar algunas de las novedades del Renacimiento italiano.

Se compone de sotobanco, banco, dos cuerpos y cinco calles, sin ático propiamente dicho. En el banco figuran seis tablas que representan a tres obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño de estilo bizantino, probablemente traída de Italia por el fundador.

En las calles laterales del primer cuerpo se representan los cuatro Padres de la Iglesia Occidental: san Ambrosio de Milán, san Agustín de Hipona, san Jerónimo de Estridón y san Gregorio Magno. La tabla central nos muestra a la Virgen de la Antigua recibiendo de manos del propio Maese Rodrigo la maqueta del edificio del Colegio.
 
En el cuerpo superior aparecen san Gabriel, san Rafael, san Pedro y san Pablo en las calles laterales y, en la central, la escena de Pentecostés. La iconografía muestra claramente el espíritu de sabiduría que Maese Rodrigo deseaba para su Colegio.
A la derecha del retablo vemos la talla de una Inmaculada con el Niño. En los muros de la capilla cuelgan diversos lienzos difíciles de identificar por la oscuridad que muestran. Tan solo se puede observar bien otra reproducción de la Virgen de la Antigua situada sobre la puerta de la sacristía.

lunes, 27 de marzo de 2023

CONVENTO DE SANTA MARÍA DE JESÚS


 

Ubicado en la calle Águilas, pertenece a la orden de las clarisas. Fue fundado en 1502 por Jorge Alberto de Portugal (futuro I conde de Gelves) y por su esposa Felipa Melo. ​ Para su establecimiento trajeron a Marina de Villaseca, patrona y fundadora del Convento de Santa Isabel de los Ángeles de Córdoba.​

El edificio se levantó a finales del siglo XVI, con importantes reformas en 1696 y 1850. Se estructura a partir del claustro principal alrededor del que se abre la iglesia, el refectorio, la enfermería, la sala capitular y los dormitorios. En el muro exterior se abre una portada adintelada y rematada realizada por Alonso de Vandelvira con un relieve de la Virgen con el Niño esculpido por Juan de Oviedo, realizada en torno a 1590 y renovada en 1695 como el resto del interior del templo.​

El templo está formado por una sola nave con planta cuadrada. Se encuentra cubierta con una bóveda de cañón con lunetos y cuenta con un artesonado con ocho paños de estilo mudéjar. En el presbiterio, destacan pinturas murales con representaciones de arcángeles y alegorías y una azulejería realizadas probablemente por Alonso García en 1589.

El retablo mayor es obra del ensamblador Cristóbal de Guadix de finales del siglo XVII y se encuentra presidido por una imagen de Jesús Nazareno del escultor Pedro Roldán. En el lado de la epístola se abren los retablos de San Antonio de Padua y de la Inmaculada, atribuidos a Luisa Roldán, la Roldana. Fue concertado con Guadix en 1690. Se trata de una monumental “máquina” articulada por cuatro potentes soportes salomónicos, que se repiten a menor escala en el ático, centrado por un relieve de remate curvo.

Fátima Halcón también atribuyó a Cristóbal de Guadix, la autoría de tres retablos laterales: 1º.- San Andrés, 2º.- Santa Ana y la Virgen, 3º.- San Antonio e Inmaculada Concepción. Responden a un esquema común consistente en retablo hornacina en forma de arcosolio encuadrado por columnas salomónicas revestidas de rosas o de hojas de parra y racimos, y capiteles con los caulículos dispuestos hacia arriba.

Se ha confirmado que el retablo de San Antonio fue concertado con Cristóbal de Guadix, en 1696, por el precio de 3.000 reales de vellón. El dorado correspondió a Juan Francisco Sánchez. Guadix hizo otro más para el convento, dedicado a "Nuestra Señora de Gracia" en precio de 4.500 reales de vellón, y que hoy se identifica con el de la Inmaculada Concepción.

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