En la Puerta de Jerez, enmarcada entre la avenida de la Constitución y la calle San Gregorio, se alza tímidamente, la capilla de Santa María de Jesús. Propiedad de la Universidad de Sevilla y hasta hace poco sede del Consejo General de Hermandades y Cofradías, constituye el único resto que perdura del Colegio-Universidad que fundara Maese Rodrigo de Santaella con su propio dinero en 1506, hace ya más de 500 años.
«Aquí yace
don Rodrigo Fernández de Santaella, Presbítero, Maestro en Artes y Santa
Teología, Protonotario de la Sede Apostólica, Canónigo y Arcediano de Reina de
la Santa Iglesia de Sevilla; vivió sesenta y cuatro años; falleció el día 20
del mes de enero, año de 1509. Aprended, mortales, a buscar las cosas del
cielo».
Además del fundador, fueron enterrados en la
capilla universitaria otras cinco personas: el Maestro Alonso de Campos, su
albacea testamentario, que había concluido la obra de Santaella, y otros cuatro
colegiales: Cristóbal de Godoy Aragón (1685),
Francisco de Henestrosa y Mazuelos (1695), Juan Dionisio Díaz Salvador (1709) y
Ubaldo Mantilla Trevani (1772), que había sido Rector dos años antes.
El primitivo Colegio fue usado como seminario
hasta que, en 1920, con motivo de la adecuación de la ciudad a los fastos de
la Exposición Iberoamericana de 1929, se derribó el edificio para ensanchar la
conexión de la Puerta de Jerez con la plaza de la Constitución. Tan solo se
salvó de la piqueta la capilla, gracias a la labor del prestigioso historiador
José Gestoso, que logró la declaración de Monumento Nacional de la misma.
También la puerta del edificio pudo librarse, instalándose en el compás del
convento de santa Clara.
En la actualidad, el
edificio es propiedad de la Universidad
de Sevilla, habiendo estado cedida durante varios año, hasta hace muy
poco
tiempo, al Consejo General de Hermandades y Cofradías, que se ha mudado a
un local vecino de la calle San Gregorio. Desde entonces sigue
cumpliendo
su labor eclesiástica (hay una misa diaria), que alterna con
exposiciones.
El edificio de la capilla es de estilo gótico-mudéjar
tardío, con partes realizadas en ladrillo visto, aunque algunas crónicas
afirman que anteriormente estuvo totalmente enfoscado. Consta de tres fachadas:
la de cabecera, que se muestra a la avenida de la Constitución, la de la
Epístola, en la puerta Jerez y la trasera, en la calle San Gregorio.
La fachada principal no daba a la calle sino a un patio interior. Tras el derribo
del colegio ya se accedía directamente desde la avenida de la Constitución, a
través de un pequeño e irregular atrio ajardinado. Durante el transcurso de las
últimas obras de rehabilitación del inmueble apareció la solería original del
patio, por lo que se decidió dejar ésta y prescindir del jardín. Desgraciadamente,
el diseño de la rampa de acceso para personas de movilidad reducida impide
contemplar dicha solería.
Esta fachada muestra una portada de ladrillo
visto en dos colores con entrada a través de un arco conopial, poco habitual
en nuestra ciudad. Fue realizada por Martín Sánchez en 1514. El resto está
enfoscado, con un gran óculo central.
La fachada de la Puerta de Jerez nos muestra una
hermosa ventana gótica con arquivoltas y tracerías, dos ventanas cuadradas que
se añadieron durante la reforma del siglo XVII y una placa de mármol escrita en
caracteres góticos que hace referencia a la fundación del colegio. El muro está
coronado por merlones escalonados de estilo omeya, asomando sobre la nave una
pequeña espadaña, ejecutada también con ladrillo bicolor.
La fachada de la calle san Gregorio tan solo presenta dos detalles de interés: una estrecha ventana (casi una saetera) con alfiz polilobulado, y una gárgola, tan típica en las construcciones góticas.
Cuando pasamos el arco de entrada encontramos una pequeña nave rectangular, dividida en dos partes por un gran arco toral de traza ojival, decorado con motivos vegetales. La parte más cercana a la puerta se cubre con artesonado de madera, en tanto que el presbiterio luce una espléndida y muy pura bóveda gótica de crucería con terceletes.
El suelo actual de la capilla está realizado con
losas de mármol, que sustituyeron en 1963 el suelo original del edificio. Sí
se conservaron los azulejos que cubren los zócalos de las paredes y el frontal
de altar, siendo estos últimos de reflejo dorado, constituyendo uno de los
pocos ejemplares sevillanos de este tipo de cerámica.
A la izquierda del presbiterio vemos una pequeña
puerta, también de trazo ojival que comunica con la sacristía, que es ya una
construcción moderna.
La gran joya de esta pequeña capilla es el Retablo Mayor, encargado a Alejo Fernández, uno de los principales pintores de la ciudad en la época y autor, entre otras obras, de algunas de las tablas del Retablo Mayor y de varias pinturas de la sacristía de los Cálices de la catedral. El pintor alemán avencidado en Sevilla lo elabora en 1520, con estructura de estilo gótico, ya tardío, y pinturas que comienzan a mostrar algunas de las novedades del Renacimiento italiano.
Se compone de sotobanco, banco, dos cuerpos y
cinco calles, sin ático propiamente dicho. En el banco figuran seis tablas que
representan a tres obispos, un Ecce Homo y una imagen de la Virgen con el Niño
de estilo bizantino, probablemente traída de Italia por el fundador.
En las calles laterales del primer cuerpo se
representan los cuatro Padres de la Iglesia Occidental: san Ambrosio de
Milán, san Agustín de Hipona, san Jerónimo de Estridón y san Gregorio
Magno. La tabla central nos muestra a la Virgen de la Antigua recibiendo de
manos del propio Maese Rodrigo la maqueta del edificio del Colegio.
En el cuerpo superior aparecen san Gabriel, san
Rafael, san Pedro y san Pablo en las calles laterales y, en la central, la escena
de Pentecostés. La iconografía muestra claramente el espíritu de sabiduría que Maese
Rodrigo deseaba para su Colegio.


No hay comentarios:
Publicar un comentario