El edificio en el que se encuentra es un pabellón de la Exposición Iberoamericana de 1929. Fue planteado como pabellón de Industrias, Manufacturas y Artes Decorativas. Finalmente, se le llamó pabellón de Arte Antiguo e Industrias Artísticas. Se trata de un edificio proyectado en 1913 y construido en 1914 por el arquitecto Aníbal González. Es de ladrillo visto con motivos decorativos de cerámica. Por su estilo arquitectónico, fue conocido como el pabellón Mudéjar.
En principio constaba de dos plantas sobre una cámara de
aireación para evitar la humedad. Se realiza una mejora durante la
década de 1960 en la planta principal, que tenía más de doce metros de
altura, y se dividió con una planta artificial (corresponde a la planta
primera) por el arquitecto Antonio Delgado y Roig. En 1972 se unen las plantas con una gran escalera de caracol que diseña el arquitecto Joisé Galnares Sagastizábal,
trabajo que realiza después de que la construcción fuese designada para
albergar el museo por el Decreto de Creación del Museo de Artes y
Costumbres Populares de Sevilla, con fecha de 23 de marzo de 1972,
constituido como una sección del Museo de Bellas Artes.
Sus funciones como museo se desarrollan desde el 4 de marzo de 1973, fecha en que abre sus puertas al público.
Como todavía no era propiedad de la ciudad completamente, en el siguiente septenio fue dependencia de distintos servicios tanto del Ministerio de Educación y Ciencia como del Ayuntamiento de Sevilla que ocupaban la mitad del edificio, su mala conservación y la necesidad de reformas provocaba incertidumbre entre los dos organismos y ninguno tomaba la iniciativa para innovarlo.
Los problemas de mantenimiento más acuciantes fueron tan importantes que el museo se vio obligado a cerrar sus puertas en distintas ocasiones por distintas causas: en 1976, por falta de pago se suspendió el suministro de energía eléctrica por la Compañía Sevillana de Electricidad; en 1979, por las lluvias, y aprovechando el cierre se habilita en la planta semisótano un taller de restauración y almacén; y en 1980 por restauraciones que realiza el Ayuntamiento.
Sus dependencias pasan a ser museo íntegramente el 26 de marzo de 1980 cuando el Ayuntamiento adopta un acuerdo de cesión de uso como sede del Museo de Artes y Costumbres Populares, con carácter indefinido mientras sea para ese cometido, con el compromiso de acondicionarlo por parte del Ministerio.
El cometido del acondicionamiento se encarga al arquitecto Fernando Villanueva Sandino que convierte la primitiva cámara de aireación en una nueva planta semisótano. Es la última rehabilitación hecha en el edificio antes de su cesión total a la comunidad autónoma de Andalucía, con lo que el museo consta de cuatro plantas.
Tras las últimas rehabilitaciones, su reapertura se efectúa en 1984 haciéndose coincidir con la transferencia de la gestión de museos de titularidad estatal a la comunidad autónoma de Andalucía, firmándose el convenio de gestión el 18 de octubre de 1984.
La planta principal y la planta sótano son las equipadas como museo actualmente. La planta primera se encuentra temporalmente cerrada por reforma museográfica.
El museo dispone de una biblioteca especializada en etnografía y museología que se halla situada en la Planta Segunda. Para su consulta es necesario concertar una cita previa.
También consta de un archivo de audiovisuales y fotografía. Para su consulta es necesario concertar una cita previa.
También está equipado con una sala de conferencias, taller de restauración y sala de desinsectación.
Llegado el año 1990 se consideró hacer nuevos acondicionamientos en el edificio. Esta vez fue la planta principal la beneficiada, se habilitó como zona para exposiciones temporales organizadas por el propio museo, utilizándose un tercio del espacio para ello e instalándose, en el año 1994, permanentemente, la colección Díaz Velázquez. Esta colección es la que mayor número de piezas añadió al museo, procedente de una donación particular realizada en el año 1979, consiste en el mejor lote de bordados y encajes conocido en toda Europa; sus casi 6000 piezas harían posible un museo temático único en el mundo.
Mientras se catalogaba, inventariaba y estudiaba la colección Díaz Velázquez, se realizaban proyectos de investigación, llevándose a cabo uno sobre cerámica popular andaluza. Considerando la gran importancia que tenía esta investigación, el interés fue en aumento y se puso en marcha la propuesta de recopilar además de los datos, piezas que fabricaban los más de cien alfares andaluces que entraban dentro del estudio. Así se fue ampliando la colección de cerámica popular andaluza que posee el museo, convirtiéndose en la más completa existente en Europa junto a la del Museo de Hamburgo.
Una de las primeras fuentes de aportación que sirvió para aumentar los fondos del museo fue la compra de piezas entre los años 1974 y 1980, tanto en comercios de antigüedades directamente como a través de la Junta Superior de Calificación, Valoración y Exportación de Obras de Arte (Ministerio de Educación y Ciencia); o bien ejerciendo el derecho de tanteo o de retracto; o también a propuesta del museo. El primer director del museo, Salvador de Sancha, hizo una gestión adquisitiva fundamental en su tiempo, adquiriendo muchas de las primeras colecciones y objetos que permitieron establecer la exposición permanente del recién inaugurado museo.
En sus primeros tiempos como museo albergó un gran número de colecciones, procedentes principalmente del Museo de Bellas Artes de Sevilla. También existen aportaciones menores de diversos museos andaluces.
Los ciudadanos de Sevilla también pusieron su granito de arena
contribuyendo a aumentar las colecciones, sobre todo en sus primeros
años y siguiendo a lo largo de los tiempos. Estas colaboraciones
sirvieron para llenar huecos que faltaban.
La sección concerniente al depósito se va completando cuando el Ayuntamiento de Sevilla decide que sea el museo quien custodie su colección de originales de carteles de Fiestas Primaverales de Sevilla, la cual, desde su exposición en las salas del museo, ha viajado a distintos lugares de Europa y Japón, agotándose por completo su catálogo en venta.
Asimismo, la Consejería de Cultura adquiere la colección Mencos, para depositarla igualmente en el museo. Esta colección comprende el más completo repertorio de litografías y fotocromías de carteles de Feria y Semana Santa.
También es adquirida la colección Loty, una colección que se compone de más de 2000 placas antiguas de cristal donde se registran multitud de detalles de ciudades y de la vida andaluza desde principios del siglo XX hasta 1936, llegando a ser un importante archivo histórico de imágenes.
En el año 2001 la Dirección General de Bienes Culturales de la Consejería de Cultura adquiere la colección etnográfica Apelluz, compuesta por 168 piezas de distintos materiales y carácter etnográfico.
Entre las últimas adquisiciones pueden citarse la colección de benditeras de Carlos Palacios Tardez (con ejemplares de Manises, Alcora, Talavera, Teruel, La Bisbal, Triana); la colección de Carmen Contreras de más de 150 juguetes antiguos, entre ellos 70 muñecas, además de cromos, estampas, cómics, juegos educativos, mecanos, proyectores de películas, etc.; otra de juguetes, de José Castro Segura y una colección de más de 6.000 postales de Adrián González.
Otra fuente de suministro para los fondos fue una serie de trabajos de campo que se desarrolló en ese sentido, dando fruto a la siguiente relación de donaciones:
Taller de tonelería, donado por Claudio Bernal (último tonelero de Sevilla). Recogido por la investigadora Carmen Ortiz;
Taller del constructor de guitarras Francisco Barba. Documentado por Andrés Carretero;
Taller del maestro Filigrana, constructor de palillos;
Taller de dorador. Documentado por Esther Fernández;
Taller de orfebrería donado por el maestro orfebre Fernando Marmolejo Camargo.
