El monasterio de Santa María de las Cuevas o monasterio de la Cartuja está situado en la isla de la Cartuja. Es uno de los cuatro monasterios cartujos que hay en Andalucía. Desde 1997 es sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo y del rectorado de la Universidad Internacional de Andalucía.
Antes de pasar a ser terreno monástico, los almohades en el siglo xii le dieron uso ubicando en el lugar hornos alfareros de cocción aprovechando su situación junto al río y dada la existente abundancia de arcillas que la extraían labrando cuevas . Una leyenda dice que en 1248 se halló una imagen de la Virgen María en una de las cuevas. En esta zona se construyó la ermita Santa María de las Cuevas, en la que se situó esta imagen.
A finales del siglo xiv el arzobispo Gonzalo de Mena y Roelas entregó la ermita de las Cuevas a los franciscanos, que comenzaron las gestiones para fundar un monasterio en este lugar.
La Orden de los Cartujos fue fundada por el alemán Bruno de Colonia en el siglo xi. Ruy González de Medina, caballero veinticuatro de Sevilla y tesorero de la Casa de la Moneda, había conocido a la Orden de los Cartujos en el monasterio del Paular, cuando estaba en la corte de Juan I de Castilla . González aconsejó al arzobispo de Sevilla, que promoviese la instalación de esta orden en la ciudad. El arzobispo contó con la autorización de la orden en 1398. En el 1400 vinieron de El Paular los cartujos Juan Carrillo, Juan Fernández Gallego, Juan de Orduña, Toribio de Madrigal y el lego Juan de Soria. El arzobispo les entregó la ermita de las Cuevas y adquirió para ellos heredades y bienes por valor de 20.000 doblas moriscas.
En el 1400 el arzobispo llegó a un acuerdo con los franciscanos, a los que, a cambio de la ermita, les fueron entregados un templo en San Juan de Aznalfarache, que había sido iglesia parroquial, y la iglesia de San Juan de Moraniña de San Juan del Puerto.
En 1401 los cartujos tomaron posesión de la ermita. El arzobispo entregó al fraile regidor, Juan Fernández, fondos para los primeros gastos y la compra de algunos terrenos. Ese año el arzobispo murió sin testamento y sus bienes pasaron a la curia romana. Había dejado a su albacea y familiar Juan Martínez de Vitoria, canónigo de la catedral de Sevilla, 30.000 doblas de oro para este monasterio. En 1402 el cabildo de la ciudad otorgó al monasterio una carta de vecindad. La fundación fue aprobada en 1404 por Benedicto XIII, que le donó 5.000 doblas de oro y ornamentos eclesiásticos. En 1407 la suma de 30.000 doblas del albacea del anterior arzobispo fue incautada por el infante Fernando de Antequera, para sus campañas militares de la Reconquista. Los frailes solicitaron la devolución del dinero, solicitando su mediación al papa. El 23 de abril de 1409 Benedicto XIII solicitó que se le otorgase al monasterio los tercios reales de los diezmos de las vicarías de Sanlúcar la Mayor, Aznalcázar y Constantina, lo que fue aceptado por los reyes. Ese mismo año el papa donó a este monasterio 1.000 florines. En 1410 el cabildo de la ciudad le dio al monasterio 3.000 maravedíes como limosna.
Per Afán de Ribera el Viejo, adelantado y notario mayor de Andalucía, asignó rentas perpetuas de productos agrícolas al monasterio y subvencionó la construcción de la iglesia a cambio de tener en ella enterramiento para él y para su familia. El monasterio también contó con aportaciones de otras personas piadosas y muchos de sus monjes pertenecían a linajes ricos de la ciudad. Una de las familias que aportó bienes al monasterio fue la del duque de Veragua. En 1513 consta que el monasterio tenía: viñedos en varias localidades sevillanas
En 1526 Carlos V acudió a Sevilla con motivo de su boda con Isabel de Portugal. El emperador visitó este monasterio y donó su altar portátil, que estuvo en la sacristía. Felipe II pasó aquí tres días en mayo de 1570. El 4 de marzo de 1642 Felipe IV visitó el monasterio. En la iglesia leyó los epitafios de los Ribera y se cantó un solemne Te Deum.
Benito Arias Montano, erudito del siglo xvi, estuvo muy unido a este monasterio, donde tuvo varios retiros religiosos. En su testamento le legó su biblioteca y otros bienes.
Entre 1575 y 1576 santa Teresa de Ávila visitó este monasterio en varias ocasiones. En la Huerta Grande del convento conversaba con el prior, Fernando Pantoja, que fue uno de los que le dio limosnas. Por petición de Teresa, se edificó una capilla a Santa Ana en dicha huerta. La cercanía del inmueble al río hizo que padeciera las riadas de 1485, 1595, 1603, 1626 y 1784.
La Cartuja tuvo dos hospederías: una en el exterior del edificio dando a la huerta Chica, hoy escritorios de la antigua fábrica de loza, donde se acogía a los parientes de los frailes, a los que iban de camino y a los peregrinos que se iban allí para hacer prácticas de piedad o ejercicios espirituales, y otra, en la que los monjes tenían dispuestos algunos departamentos con hermosos salones, que se encontraba cerca de la biblioteca y alojaba a personas de calidad, hombres de estudio y artistas. En esa fue donde Felipe II residió cuando visitó el monasterio, donde pintaron cuadros Francisco Zurbarán y Francisco Pacheco donde el entallador Pedro Duque Cornejo realizó algunas obras. Probablemente allí fue también donde Colón residió durante las largas temporadas que pasaba en Sevilla.
El terremoto de Lisboa de 1755 afectó gravemente al edificio.
El 24 de enero de 1810, al acercarse las tropas francesas a la ciudad, los frailes embarcaron algunos objetos de valor hacia Cádiz para evitar que fueran expoliados. No obstante, el barco fue interceptado en Sanlúcar de Barrameda por los franceses, que requisaron todo su contenido. En febrero de 1810 la ciudad fue ocupada por los franceses. En 1811 el mariscal Soult destinó el convento a cuartel de artillería y sede administrativa del ejército, poniéndolo a cargo del general Lery. Se vació de contenido religioso. La iglesia fue usada como almacén de víveres, la sacristía como carnicería, la capilla del Capítulo como bodega, la capilla de Santa María Magdalena como botica, el refectorio como almacén de grano. En el cementerio del monasterio construyeron una cocina. Los naranjos de una huerta de 2.000 pies fueron arrancados. Se creó un doble foso alrededor del edificio, con un puente levadizo en la puerta que daba al río. En el muro exterior, se pusieron baluartes y torres vigías. La entrada principal fue tabicada y, frente a la misma, se creó una plaza de armas para la tropa y la artillería.
Tras la expulsión de los franceses, los cartujos regresaron a Sevilla el 30 de septiembre de 1812. Fueron acogidos primero en el Oratorio de San Felipe Neri y regresaron a su convento el 28 de octubre.
En el Trienio Liberal, de 1820 a 1823, los bienes del monasterio fueron incautados y el monasterio fue exclaustrado para ser usado como casa de vecindad. El edificio les fue devuelto a los cartujos en 1823 y en 1827 su iglesia volvió a abrirse al culto. El 19 de febrero de 1836 el convento fue desamortizado por Mendizábal.
Entre los visitantes destacados, sobresale Cristóbal Colón que era amigo íntimo de fray Gaspar Gorricio, del que recibió apoyo mientras se encontraba en Sevilla preparando sus expediciones al Nuevo Mundo. Colón consultó documentos en la biblioteca del monasterio para preparar la defensa de sus argumentos en Salamanca antes de realizar su primer viaje.
El almirante hizo uso de las estancias del edificio para hospedarse mientras estaba en la ciudad. Gaspar le prestó su ayuda y conocimiento de las Sagradas Escrituras para la redacción del Libro de las profecías, que el almirante dedicó a los Reyes Católicos. El almirante tenía abundante correspondencia con Gorricio y le enviaba, además, importantes archivos, joyas y dinero propio para que los guardara, patrimonio que luego fue reclamado por sus herederos. Gaspar era un fraile sevillano de ascendencia italiana.
Otro amigo cartujo de Colón fue el sacerdote Diego Luján, natural de Madrid. Fue hijo de Sancho de Padilla, rico-hombre de Enrique IV, y nieto de los Adelantados de Castilla. Los lujanes tenían parentesco con los condes de Paredes, los almirantes de Castilla y los Almodóvar. Diego Luján había desempeñado importantes cargos en la cartuja de Cazalla, Aniago, el Paular y Jerez y fue 3 veces prior de la cartuja sevillana.
Otra amistad suya fue Rodrigo de Marchena, hijo del alcalde mayor, y que probablemente era familiar del fraile de la Rábida Antonio Marchena. Antonio Marchena, junto con Juan Pérez, ayudaron enormemente a Colón para la consecución de sus objetivos.
La Cartuja poseía también el señorío de Casaluenga. Adquirió la primera mitad de este el 18 de marzo de 1456 a los hermanos María, Alonso y Leonor de las Casas, y la segunda unos meses después, en abril. Esta posesión constaba de una próspera aldea poblada con señorío y vasallaje, con terrenos para la agricultura y la pesca. En esta Colón pasó largas temporadas antes y después del 1492, en compañía de Luján y Gorricio.
En 1502, en los preparativos de su cuarto viaje, Colón escribió una carta al papa Alejandro VI dándole cuenta de sus descubrimientos y de la necesidad de rescatar el Santo Sepulcro. Le indicaba la necesidad de que fueran a las tierras descubiertas frailes benitos, jerónimos, cartujos y otros para predicar.
Cristóbal Colón falleció, en Valladolid, el 20 de mayo de 1506. Sus funerales se celebraron en la Iglesia de la Antigua de Valladolid y se depositó su cadáver en el Convento de San Francisco de la ciudad. Su hijo Diego Colón mandó trasladar los restos de Colón al monasterio de la Cartuja. Los restos fueron entregados a la comunidad cartuja de Sevilla el 11 de abril de 1509. El traslado fue realizado por un primo de Cristóbal Colón, Juan Antonio Colón. Solo existían en el monasterio de Santa María de las Cuevas dos bóvedas funerarias: la de los Ribera, en la iglesia grande, y la de los Henríquez, en la capilla de los Duques de Alcalá, sita en el Claustrillo. Probablemente se situaron los restos en la de los Henríquez hasta que, en 1523, se finalizó la capilla de Santa Ana.
El último Colón enterrado en la capilla de Santa Ana fue el sobrino nieto de Cristóbal Colón, Luis Colón y Toledo, tercer almirante de la Mar Oceana, quien permutó los cargos de virrey y gobernador de las Indias por los de duque de Veragua y marqués de Jamaica. Los restos de Luis fueron trasladados a Santo Domingo a comienzos del siglo xvii.
En el siglo xvi los restos de Cristóbal Colón fueron exhumados para llevarlos rumbo a Santo Domingo, aunque en 1899 se situaron de forma definitiva en la catedral de Sevilla.
Los restos del hermano de Cristóbal Colón, Diego Colón, se encuentran en la actualidad en el Museo de la Fábrica de Loza de La Cartuja de Sevilla, situado en las instalaciones actuales de la factoría. Gracias a estos restos se ha podido demostrar donde estaban los del almirante.
María Josefa Pickman y Martínez de la Vega, viuda del marqués de Pickman, mandó colocar un monumento a Cristóbal Colón en 1887 en los jardines.
Tras ser desamortizado en 1836 fue usado como prisión. Albergó a unos doscientos reclusos. En 1838 el comerciante Carlos Pickman, procedente de Liverpool, solicitó el inmueble a la Junta de Enajenación de Conventos Suprimidos de la Provincia de Sevilla. Los presos fueron trasladados al antiguo Convento de la Trinidad. Pickman adquirió todo el monasterio en 1838 con excepción de las huertas Grande, Vieja y del Compás, que fueron arrendadas a otros. Estas tres huertas también fueron adquiridas por Pickman en 1879. Pickman convirtió el edificio en su fábrica de loza, que comenzó en 1841.
En 1873 Amadeo I otorgó a Carlos el título de marqués de Pickman por la notoriedad que había alcanzado su empresa. El edificio se reformó para servir como fábrica. En el siglo xix se colocaron hornos con chimeneas en forma de botella. En la década de 1950 dejaron de emplearse y se construyeron otros con chimeneas de tipo túnel.
Fue declarado Monumento Nacional en 1964 y en 1982 fue expropiado por el Ministerio de Obras Públicas. La fábrica se trasladó a Salteras. En 1986 fue restaurado por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Albergó el pabellón Real en la Exposición Universal de 1992, que tuvo lugar en Sevilla con motivo del V Centenario del Descubrimiento de América. En él se encontraba la recepción de las visitas de los jefes de Estado y de gobierno que acudieron a la muestra.
Entre 1988 y 1995 el arquitecto Guillermo Vázquez Consuegra reformó parte de la antigua fábrica de cerámica para ser la sede del Instituto Andaluz de patrimonio Histórico, que tiene allí sus talleres.
A partir de 1997 comenzó a funcionar como museo al convertirse en sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo asumiendo para sí la gestión del personal y las colecciones que han sobrevivido del Conjunto Monumental de la Cartuja así como del Museo de Arte Contemporáneo de Sevilla. Por decreto pasó a ser un organismo autónomo dependiente de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía .
No hay comentarios:
Publicar un comentario