Se trata de dos pares de conjuntos cerámicos en tonos blancos y azules donde se representan sendas escenas de negritos plantando café, recolectando café, sirviendo café y haciendo alguna que otra actividad relacionada con el café.
Azulejos que enmarcan sobre la altura del zócalo, una puerta y una ventana. sobre ellos, un nombre: Joaquín Sainz de la Maza, remate y cornisa.
retablos de "lo humano" que parecen contraponerse a la proliferación de esos muchos de "lo divino" que amenazan con alicatar la totalidad de la ciudad y que según reza en alguno de los vértices, fueron fabricados en los desaparecidos alfares de Mensaque y Cía, que no tiene nada que ver con el ilustre señor que da nombre a una de las dos calles.
No solo café, también se vendieron legumbres y cereales en el tostadero de la calle Goyeneta, cuando los tiempos eran difíciles. como en las Siete Puertas vendieron membrillos o en otros sitios no vcndieron nada porque no había nada que vender.
En la bonanza café, solo café, como se vendía café en la calle Azafrán, sede de Moca. o en el 55 de calle Recadero, donde Coblan se vanagloriaba a principios de los 60 de ofrecernos lo mismo que consumían nuestros abuelos. De ellos no queda azulejo alguno que los recuerde, pero de Saimaza de momento, sí


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