Santas Justa y Rufina
El Convento de la Merced fue expropiado en 1835 por la desamortización de Mendizábal, lo que supuso la definitiva exclaustración y la pérdida del convento. El Museo Provincial fue creado por Real Orden de 16 de septiembre de 1835, con el objeto de reunir las obras pertenecientes a las órdenes religiosas suprimidas. Se nombra la Comisión para gestionar la institución y la Junta Directiva que propuso sucesivamente como sede, el convento de la Merced Calzada, lugar en que se encuentra aunque fue denegado en un primer momento por estar ocupado por la Real Sociedad Económica Sevillana de amigos del País; el de Montesion; el de San Pablo, que iba ser destinado a Delegación de Hacienda y el de San Buenaventura.
Mientras se escogía la sede definitiva, los cuadros y objetos artísticos recogidos de los conventos se encontraban diseminados, lo que provocó un quebranto para el futuro museo. Así, a título de ejemplo, un cuadro de Velázquez procedente del convento de San Antonio, quedó de forma definitiva en el palacio arzobispal, varios cuadros de Zurbarán del convento de San Buenaventura fueron vendidos al extranjero. Los guardacostas de la provincia de Cádiz también recuperaron algunos cuadros y los ex-priores de algunos de los conventos desamortizados tuvieron que ser advertidos de que entregaran las pinturas que mantenían ocultas. Por fin, a 7 de octubre de 1838, queda constancia del establecimiento del museo en el antiguo convento de la Merced, compartido hasta 1846, con la Real Sociedad Económica.
A su vez, la Real Orden de 16 de diciembre de 1840 dispuso que los objetos de Itálica encontrados o que se localizasen en el futuro se guardaran también en el antiguo convento. Por otra parte, la Real Orden de 20 de octubre de 1854 ordenó el traslado también a este edificio de las obras conservadas en los reales Alcázares. En el mismo edificio se asentó también en 1873, la Facultad Libre de Farmacia y a la salida de esta, en 1875, lo hizo la Escuela Normal de Maestros. En 1879, se creó oficialmente el Museo de Antigüedades, independiente del de Bellas Artes, que también se estableció allí al igual que la Academia y Escuela de Bellas Artes. El Museo Arqueológico ocupaba tres galerías del denominado patio del Claustro Grande, mientras que el Museo de Pinturas ocupaba la iglesia y otras dependencias. La Academia y Escuela de Bellas Artes quedaron ubicadas en estancias contiguas a los museos y la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos y la Escuela Normal de Maestros quedaron en dependencias lindantes con las galerías del Claustro Grande.
En 1941, el Museo Arqueológico Provincial se trasladó al pabellón de Bellas Artes de la Exposición Iberoamericana de 1929, en la plaza de América del parque de María Luisa, quedando únicamente en el convento de la Merced el Museo de Bellas Artes.
El inmueble se encuentra en la plaza del Museo. Cuenta con una estatua de bronce del pintor sevillano Bartolomé Esteban Murillo de la que existe una réplica exacta frente al Museo del Prado de Madrid, cerca del Jardín Botánico. Ambas son obra del escultor madrileño Sabino de Medina.
Desde su habilitación como museo ha experimentado cuatro grandes intervenciones. En la primera, entre 1868 y 1898, se restauraron las arquerías y muros del piso primero, el solado de los claustros y el alicatado de sus muros con azulejos de otros conventos desamortizados. Entre 1942 y 1945 se actuó sobre la antigua sacristía, que pasó a convertirse en el patio de las Conchas y se trasladó la antigua portada barroca de la calle Bailén a la fachada principal. Una tercera llevada a cabo entre 1969-1970 y 1975-1976 quedó inconclusa con desafortunadas consecuencias para la estabilidad estructural del edificio. La última modificación fue entre 1985 y 1993, en que se rehabilitó en su totalidad y se adecuó a las múltiples exigencias de la moderna museología.
El origen de la colección se encuentra en las obras procedentes de conventos y monasterios desamortizados, razón por la que el grueso de obras es pintura religiosa, mayormente del Barroco sevillano. Almacenados en diferentes edificios, hacia 1840 debían de estar ya en el actual museo ya que de esa fecha es el primer inventario que alcanza un total de 2045 obras”. Cabral Bejarano y Esquivel redactan un segundo inventario en el que consideran que solo hay 583 obras dignas de pertenecer al Museo. Entre 1854-1855 se efectúa una segunda depuración de la que salen 456 pinturas y 15 esculturas mientras que un total de 357 cuadros se califican de "desecho". La polémica sobre qué se había hecho del enorme patrimonio desamortizado estaba servida tal y como se hacen eco Antonio Colón en su Sevilla Artística o González de León en Noticia Artística de Sevilla. Nuevas obras entran a formar parte de la colección a raíz de la segunda desamortización de 1868- 1869. Los fondos fundacionales han quedado reducidos, tal y como refleja el inventario de Gestoso de 1912, que recoge 380 pinturas y 41 esculturas.
Afortunadamente, ya desde finales del siglo xix comienzan las donaciones, desde la primera documentada en 1894 de Manuel Andérica o la de la obra del Greco de la infanta María Luisa Fernanda en 1897. En la primera mitad del siglo xx tienen lugar las donaciones más importantes como son la de Lucia Monti (1921), Abreu (1928), Gestoso (1932), Siravegne (1944) o Aguiar (1945). En las últimas décadas se ha incrementado la colección por las adquisiciones públicas de la Administración andaluza y las donaciones efectuadas por descendientes de artistas de primeros del siglo xx.
La colección de pintura del Museo de Bellas Artes de Sevilla es reflejo de la evolución de la escuela sevillana, que cuenta con una trayectoria homogénea, continuada y con altos niveles de calidad a lo largo de los siglos. En este recorrido sobresale notablemente el periodo barroco, con una amplia presencia de los grandes maestros de la ciudad como Francisco de Zurbarán, Bartolomé Esteban Murillo o Juan de Valdés Leal y el siglo xix en el que la escuela sevillana vive una nueva etapa de esplendor iniciada durante el Romanticismo. el siguiente, son brillantes ejemplos de la vitalidad de la escuela sevillana hasta el siglo xx.
Segunda en importancia tras la pintura, la escultura abarca ejemplares que van desde el siglo xv hasta el siglo xx, destacando la obra de Pietro Torrigiano en el siglo xvi y ya en el xvii la de Martínez Montañés y su discípulo Juan de Mesa.
El dibujo constituye un capítulo importante dentro del conjunto de piezas que conserva el Museo de Bellas Artes de Sevilla. La colección de obras sobre papel está compuesta por artistas sevillanos del siglo xix, en especial de José Villegas. El fondo sobre papel del museo se completa con la estampa: xilografías, grabados a buril y litografías mayoritariamente de temática sevillana ejecutadas entre los siglos xvi y xx, perteneciendo el grueso de la colección al siglo xix.
La colección de piezas cerámicas la forman tanto azulejos para uso decorativo en edificios como en menor medida piezas de vajilla doméstica. Su cronología abarca desde el siglo xv al xx, siendo las más antiguas las piezas vidriadas decoradas con motivos geométricos de influencia musulmana. La orfebrería, las armas, el mobiliario o los textiles del Renacimiento, el Barroco o del siglo xix complementan así los fondos de pintura, escultura y obra sobre papel que conserva el museo.
La distribución actual del museo, que consta de 14 salas, es la siguiente:
Sala I: Pintura y escultura sevillanas en el siglo XV. Dedicada a los orígenes de la escuela sevillana de pintura y escultura, alberga obras del siglo xv. Son los primeros testimonios datados y firmados de producción artística local tras la conquista de Sevilla en 1248 por Fernando III. Las pinturas presentan como características comunes los fondos dorados, el trabajo minucioso del detalle y la pose ensimismada de las figuras. En la escultura aparecen los nombres de imagineros vinculados al retablo mayor de la catedral de Sevilla, como Lorenzo Mercadante de Bretaña y Pedro Millán.
Sala II: Arte y Renacimiento. El siglo xvi es el del esplendor de Sevilla, dada su situación como capital del comercio con América. La riqueza que va acumulando la ciudad atrae a artistas flamencos e italianos. Alejo Fernández será el introductor del Renacimiento en la pintura sevillana, mientras que Pietro Torrigiano, condiscípulo de Miguel Ángel, marcará el camino para la escultura. A estas producciones realizadas en suelo hispalense se suman obras de importación de El Greco, Lucas Cranach o Martín de Vos.
Sala III: Manierismo. A finales del siglo xvi, la actividad artística en Sevilla, dominada hasta entonces por artistas de origen extranjero, pasa a pivotar sobre artistas locales que interpretan libremente las formas renacentistas. Luis de Vargas es considerado el introductor del Manierismo. En torno a él se creó un grupo con nombres como el de Pedro de Villegas, Marmolejo, Alonso Vázquez y Francisco Pacheco se encargaron de traducir al arte hispalense las pautas doctrinales emanadas del concilio de Trento.
Sala IV: El Naturalismo. El naturalismo llega a la escuela sevillana de la mano de Francisco Pacheco, alcanzando cotas maestras con sus discípulos Diego Velázquez y Alonso Cano. Contemporáneo a ellos, Juan de Roelas acerca el naturalismo que preludia el Barroco al sentimiento popular.
Sala V: Murillo y la escuela sevillana del Barroco. La antigua iglesia del convento mercedario aloja las principales muestras de pintura barroca del siglo xvii. Con protagonismo de Murillo, se muestran también obras de Juan de Uceda, Juan de Roelas, Francisco de Zurbarán o Herrera el Viejo. Algunas de ellas corresponden a la galería completa de pinturas de los antiguos retablos de conventos como el de Montesión o el de Capuchinos.
Planta Alta
Sala VI: El Barroco español y sevillano. Situada en la galería que rodea el claustro de los Bojes, combina muestras de la pintura barroca que se realizaba en Sevilla con la de autores establecidos en la Corte de Madrid, temas religiosos con bodegones y grandes escenarios arquitectónicos. Destacan las obras del círculo de Murillo, la serie de santas del taller de Zurbarán o la aparición de Cornelio Schut
Sala VII: Murillo y sus discípulos. La sala alberga obras de mano directa del maestro, como la serie realizada para el Convento de San Agustín, así como piezas de seguidores como Juan Simón Gutiérrez o Alonso Miguel de Tovar que demuestran cómo las formas murillescas se hicieron hegemónicas en la pintura sevillana desde mediados del siglo xvii.
Sala VIII: Juan de Valdés Leal: Se centra en la producción de este artista sevillano, de estilo enérgico y composiciones dinámicos, que se labró un estilo propio en el competitivo panorama de la Sevilla barroca. Esta sala acoge también piezas de Pedro de Mena, uno de los máximos representantes de la escultura barroca granadina.
Sala IX: Pintura Barroca europea.
Sala X: Francisco de Zurbarán.
Sala XI: Pintura sevillana del siglo xviii. Goya
Sala XII: Pintura sevillana del siglo xix
Sala XIII: Pintura sevillana del siglo xx.
Sala XIV. Pintura española del siglo xx.


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