Enlaza la calle Guadalquivir por la zona norte, con la plaza del Museo por la zona sur y, debido a su excepcional longitud, acometen a ella un buen número de calles perpendiculares.
La calle recibe su nombre de la iglesia parroquial de San Vicente, un viejo templo de estilo gótico-mudéjar muy transformado, que se encuentra situado en uno de sus tramos más al sur y que da nombre asimismo a todo el barrio.
Se trata de una calle que es inusualmente larga dentro del casco histórico de la ciudad de Sevilla, y al cual recorre próximo al río siguiendo un trazado sensiblemente rectilíneo y que acomete siguiendo una dirección aproximada de sur a norte.
Es una calle que tiene una anchura suficiente y que cuenta con aceras en ambos lados y con un pavimento central asfaltado para el tránsito de los vehículos a motor.
A los dos lados de esta calle se levantan edificaciones de muy distinta consideración y tipología constructiva, que por lo general alcanzan las tres o cuatro plantas de altura. Muchas de estas construcciones conservan la tradición sevillana de los amplios huecos verticales y las combinaciones de los clásicos colores de albero y almagra, y algunas de ellas cuentan además con un notable interés arquitectónico.
Entre sus edificios de interés uno de ellos es la propia iglesia de San Vicente, ya citada, que presenta a esta calle una modesta portada gótica y su peculiar torre en esquina.

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