miércoles, 24 de mayo de 2023

CALLE ALFONSO XII


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Está dedicada a Alfonso XII (1857-1885), rey de España. 

Desde el siglo XIII está documentada como calle de las Armas, nombre cuyo origen exacto no está bien determinado. Para González de León, "se llama así por haber habitado en ella los armeros o fabricantes de armas", mientras que Álvarez-Benavides lo explica de la siguiente manera: "La circunstancia de haber sido esta vía la primera de la ciudad que pisó ya vencedor San Fernando de sus enemigos, ocasionó se le diese el nombre de Armas, por ser éstas las que de­volvieron al cristianismo una ciudad ocupa­da tanto tiempo por los estandartes agarenos".

También se ha atribuido, como recoge Santiago Montoto, a los numerosos escudos de armas de sus fachadas, pues por su privilegiada situación, en el arranque de la antigua Puerta de Goles, la calle fue habitada por familias de alta nobleza, que allí construyeron sus casas solariegas. En 1873 no prosperó la propuesta de poner­le el nombre de Once de Junio, "en conmemoración de la memorable fecha con que las Cortes Constituyentes habían votado la forma de gobierno Republicano Democrático Federal". El topónimo Armas se mantuvo, pues, hasta 1883, en que se rotuló Alfonso XII (1857-1885), en homenaje al monarca español.

En 1931 se sustituyó por el de Catorce de Abril, fecha de la proclamación de la Segunda República, hasta que en 1936 se repuso de nuevo.

Es una calle larga, de mediana anchura y configuración rectilínea. Algo más estrecha en su parte central, entre General Moscardó y Almirante Ulloa; se ensancha en la confluencia con la plaza del Museo, para estrecharse de nuevo y curvarse ligeramente hasta su final.

Desembocan en ella, por la derecha, Santa Vicenta María, Jesús de la Vera­cruz, Abad Gordillo, San Vicente, García Ramos y Redes; y por la izquierda, El Silencio, Almirante Ulloa, plaza del Museo, Cepeda y Bailén.

Su trazado actual no difiere sustancialmente del que debió tener en los siglos medievales y puede verse en la planimetría del XVIII (plano de Olavide), aunque en esta última fecha aún no estaba abierta la calle El Silencio, trazada en 1868, ni el amplio espacio de la plaza del Museo. A lo largo de los siglos se cerraron también algunas barreduelas, casi siempre incorporadas a edificios, y se alinearon algunas casas (1880-1905...), lo que acentuó la rectitud de la calle, que si toponímicamente concluye en la plaza de la Puerta Real, desde un punto de vista morfológico se extiende en realidad hasta la confluencia de Torneo y Marqués de Paradas, constituyendo un eje de penetración oeste-este al centro histórico y comercial de la ciudad. En el pasado esta penetración se hacía a través de la Puerta de Goles, que comunicaba a Sevilla con el arrabal de los Humeros y la zona del río.

Las primeras referencias a su pavimento se remontan a 1487, en que los alcaldes alarifes de la ciudad recomiendan que se empiedre. Como nota curiosa, hay que recoger que en el s. XVI se pavimenta de ladrillo colorado, lo que provoca las quejas de algunos vecinos, que prefieren el ladrillo blanco "a causa de que se frecuenta de caballos" (1585). Se adoquina en 1886 y en la actualidad ofrece la habitual capa asfáltica del casco antiguo sevillano y aceras de losetas.

También de su iluminación hay algunas noticias dignas de recogerse. Así en 1854 el periódico El Porvenir se hace eco de la instalación de nuevas farolas de gas en algunas calles importantes (Sierpes, Campana, Ar­mas y Paseo del Duque) que "aparecerían iluminadas por blancos fuegos de Bengala". Hoy la calle se ilumina con dos tipos de farolas: metálicas en forma de báculo hasta la plaza del Museo, adosadas a las fachadas de la izquierda; y de fundición, tipo sevillano, en el resto, en las fachadas de la derecha.

Su caserío, en general bien conservado, a pesar de no pocos derribos en los años 70 y 80 de nuestro siglo, es muy heterogéneo y ofrece un contraste entre el buen porte de los edificios de los primeros tramos de la calle y el carácter más popular de las últimas casas, en los aledaños de la plaza de la Puerta Real. Alternan las grandes casas tradicionales sevillanas, con bellos patios y cierros al exterior, de tres plantas, con otras de escalera y algunos edificios modernistas y regionalistas que reflejan el carácter aristocrático que tradicionalmente tuvo este espacio, patente en algunos palacios y en varias construcciones religiosas.

De la plaza del Museo en adelante la calle pierde ese carácter y sus construcciones adoptan un aire más popular y sencillo, sobre todo a la altura de la plaza de la Puerta  Real, donde algunas tienen los portales más bajos que el acerado, e incluso conservan en algún caso los llamados "balcones de palo" propios de la arquitectura popular de los siglos XVI y XVII. En varios puntos las viejas casas derribadas han sido sustituidas por modernas construcciones de escasa personalidad.

De las que aún se conservan merecen destacarse tres del arquitecto Aníbal González: la número, de estilo modernista en su fachada y un patio neoplateresco, hoy cerrada y descuidada, y las números 27 y 29, con bellísimas fachadas modernistas, construidas entre los años 1905 y 1906. La primera es un centro docente privado, y la segunda está en res­tauración. La número 40, cerrada y en mal estado, ofrece una interesante fachada de tres cuerpos con balcón volado. La 63, en cuyos bajos hay una mercería, es una de las últimas obras del arquitecto Juan Talavera (1946) y posee cinco plantas. Y la 66 , de fines del XVIII o principios del XIX, tiene dos plantas y ático, y un azulejo del Gran Poder en su fachada.

También hay en la calle dos valiosos palacios. El primero, en el número 17, está construido en el lugar del viejo palacio de los Monsalves, con entrada por la calle del mismo nombre. Fue propiedad de la Compañía Sevillana de Electricidad y posteriormente sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía. El otro, en el número 48, es la antigua casa del conde de Casa Galindo, antes llamada Casa de Andueza, un edificio neoclásico de dos plantas y gran portada de columnas, con una planta abuhardillada construida a fines de 1970 por el arquitecto Rafael Manzano y que altera el diseño tradicional del edificio.

Hay que aludir también a otro edificio, el número 16, construido en los años 50 de nuestro siglo y destinado a la Escuela de Estudios Hispanoamericanos, centro dependiente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Allí se celebraba una importante tertulia literaria en la década de los 50 (Club la Rábida). Es de inspiración neoclásica y ofrece un jardín delantero con palmeras y naranjos.

Entre los edificios religiosos destaca el conjunto arquitectónico formado por la iglesia del antiguo hospital de San Antonio Abad, edificada en el XVI y remodelada en el XVIII, y la capilla contigua de la Hermandad de Jesús Nazareno (El Silencio), obra también de este último siglo. Al parecer el primitivo hospital, destinado a enfermos afectados del "fuego sacro o de San Antón", fue fundado por Alfonso X el Sabio. A principios del XVI se instaló allí la men­cionada hermandad, que realiza su estación de penitencia en la madrugada del Viernes Santo. La escultura de Nuestro Padre Jesús Nazareno, del primer tercio del XVII, es obra de Francisco de Ocampo. En 1819 ocuparon la casa e iglesia los religiosos de San Diego, que estuvieron allí hasta la exclaustración general de 1835.

En el interior se habilitó durante un año (1820) como cuartel de voluntarios locales de caballería. El Jueves Santo de 1879, horas antes de la salida de la cofradía, hubo en la iglesia un intento de robo con atentado de explosivos. Por la puerta de la calle Alfonso XII el templo posee un bello compás con azulejos de varios santos (San Cayetano, Santa Rita de Casia y San Judas Tadeo) de mucha devoción popular, lo que suscita la continua entrada de fieles con flores, velas y exvotos.

En los números 12 y 14 se ubican la casa y la iglesia del antiguo colegio de San Gregorio, lla­mado también de los Ingleses, que los jesuitas fundaron en 1592. Tras la expulsión de la Orden en 1767, se le adjudicó a la Sociedad de Medicina, una de las más prestigiosas e innovadoras de España, luego constituida en Academia, que permaneció allí hasta las primeras décadas del siglo actual. En 1839 tuvo también su sede, interinamente, la de Buenas Letras. En la actualidad pertenece el templo a la Orden de la Merced y allí reside la Hermandad del Santo Entierro de Nuestro Señor Jesucristo y María Santísima de Villaviciosa, que hace su estación de penitencia la tarde del Sábado Santo. La bella escultura de Cristo muerto es obra de Juan de Mesa.

Siempre fue la actual Alfonso XII una de las calles principales de Sevilla. Dice la leyenda que por ella, pasando la Puerta de Goles, entró en la ciudad Fernando III. En 1570 sí lo hizo en verdad el rey Felipe II. En 1600 un veinticuatro la describe como una de las de "más peso que ay en la ciudad y donde de ordinario acuden los caballeros a pasearse". En ella, en efecto, se celebraban carreras de caballos. Su condición de espa­cio noble lo pondera en 1830 Richard Ford cuando aconseja a los futuros turistas ingleses que si van a pasar el invierno en la ciudad lo hagan "en la calle de Armas o en algún otro lugar de la parroquia de San Vicente, que es el barrio aristocrático de Sevilla".

Además de los edificios e instituciones antes citadas, hay otras referencias que de­notan su condición principal. Allí fundó Santa Teresa su primer convento (1575), antes de trasladarse la Orden a la casa de la ca­lle Zaragoza; y desde 1568 se localizaba también, a la altura del núm. 42 actual, el convento de Mercedarias Descalzas, conocido como de la Asunción, todavía en pie en la primera mitad del XIX. En ella tuvieron asimismo sus talleres notables impresores corno Femando Díaz (s. XVI), Francisco de Lyra y José de San Román y Codina (siglos XVII-XVIII). A mediados del s. XIX había una lujosa casa de baños cercana a la actual Santa Vicenta María. La calle, sin embargo, sufría con frecuencia las avenidas del cercano río, que por ella llevaba sus aguas al centro de la ciudad. En algunas de estas riadas (1821, 1853, 1877...) el municipio habilitó barcas para facilitar el tránsito por la zona.

En nuestros días sigue siendo una de las vías más importantes y transitadas de la ciudad. Contribuyen a ello su contigüidad al enclave comercial de la plaza del Duque, uno de cuyos grandes almacenes tiene una puerta lateral a la calle, y la abundancia de comercios que la misma ofrece, de carácter muy variado (muebles, antigüedades, bazares, farmacias, plantas, almacenes, bares...) en ocasiones situados en los patios de las casas tradicionales.

Contrasta el mayor nivel económico y social del comercio próximo a la zona del Duque con el carácter más mo­desto y popular del situado en el último tramo de la calle, donde pueden verse pequeños negocios familiares (mercería, alimentación, barbería, frutería, pescadería...) apretados en habitaciones y portales de las viejas viviendas, algunas de ellas en muy mal estado. En este sentido, el perfil social de la calle cambia notoriamente a partir de la plaza del Museo, tramo en el que se observa también menor tránsito peatonal.

Hasta la desaparición de los tranvías en la década de los 50 de nuestro siglo, discurría por la calle la línea de la Puerta Real, objeto de bromas entre los sevillanos por su proverbial lentitud. Hoy el tráfico rodado es muy intenso, y a ciertas horas del día agobiante, pues canaliza los vehículos desde el centro comercial de la ciudad hacia la "ronda" y la zona de Chapina. Todo este trasiego humano y rodado de las horas comerciales y de oficinas desaparece al anochecer, en que la calle se convierte en un espacio tranquilo y relativamente solitario.

Alfonso XII, 19. Casa de dos plantas, de organización irregular, cuyo patio no está situado a continuación de la crujía de fachada sino más al interior, y sólo posee arquerías en tres de los frentes de la planta baja. En uno de sus ángulos se encuentra la escalera de acceso a la planta alta, cubierta con un artesonado, y en el desembarco de ella se conserva un balaustre de mármol. En esta planta alta existen varias salas cubiertas con artesonados y, la que da sobre el jardín, con bóveda. En éste existe una fuente mural de azulejos, compuesta de dos cuerpos, en el inferior una hornacina central flanqueada por otras menores entre pilastras; el superior rematado por un frontón curvo. Frente a dicha fuente una galería sobre columnas.

Alfonso XII, 35. Casa de dos plantas con amplio zaguán, dividido en dos tramos por pilastras acanaladas, cerrado por una cancela enmarcada por columnas pareadas de mármol. El patio es de columnas en la planta baja y balcones en la superior.

Alfonso XII, 40. Fachada de tres cuerpos, en el inferior portada enmarcada por pilastras toscanas. En el segundo cuerpo destaca un balcón muy volado, rematado por un frontón triangular partido y flanqueado por una ventana volada.

Alfonso XII, 48. CASA DEL CONDE DE CASA GALINDO. Edificio de estilo neoclásico, de dos plantas con gran portada de colum­nas pareadas sobre zócalo, que sostienen el balcón principal. El centro de la construcción es un gran patio de columnas en la planta baja con arcos de medio punto, y balcones en la superior. En uno de los frentes de este patio se encuentra la escalera de mármol, de tres tramos. Al fondo de la casa un jardín.

Alfonso XII, 66: Casa de dos plantas y ático formado por tres arcos de medio punto separados por pilastras. El balcón de la planta principal se encuentra decorado con  molduras

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