Esta iglesia forma parte del antiguo Hospital de las Misericordias, cuya fundación tuvo lugar en el año 1487 a partir de una hermandad entre cuyas funciones estaba la de obtener recursos para casar doncellas y desamparadas.
La hermandad estuvo instalada en su origen en la calle Beatos, dentro de la collación de Santa Marina, aunque se trasladaría más adelante a la de San Andrés, al conseguir a finales del siglo XVI las escrituras de algunas casas. De una de las casas de aquella centuria aún se conservan algunos restos en la zona del patio interior, y en uno de sus frentes se encontraba una pintura del Juicio Final, realizada por el pintor Luis de Vargas.
De aquel conjunto destaca su iglesia, que fue realizada en la segunda mitad del siglo XVII
Se trata de una iglesia columnaria de planta rectangular con cabecera plana que se organiza a partir de tres naves que se presentan separadas por arcos de medio punto que se apoyan sobre columnas de orden toscanas talladas en mármol blanco.
Cuenta en su interior con muy buenos retablos, entre los que destaca sin duda el retablo mayor en el presbiterio, obra de Bernardo Simón de Pineda de 1668. Es ésta una excelente pieza barroca que aparece presidida por un lienzo en el que se representa a la Virgen en el momento de hacer el milagro del Pozo Santo. A ambos lados puede verse las imágenes de Santiago, San Francisco, Santa Bárbara y San Isidoro, todas ellas creadas por el propio Simón de Pineda, otras figuras como las de san Miguel y San José, y un crucifijo del siglo XVII que corona el conjunto.
Todo el presbiterio está decorado además con pinturas del siglo XVIII que están tribuidas a Domingo Martínez y que representan distintas alegorías sobre las obras de Misericordia, y de este mismo tiempo data el altar de azulejos decorados con ángeles y flores. A los dos lados del arco toral a partir del cual se abre el presbiterio, existen dos pequeñas tablas que representan a San Roque y San Sebastián, a juego con las otras dos tablas de Santa Lucía y Santa Catalina que se encuentran en los muros de los pies.
Entre las esculturas de mayor valor artístico de esta iglesia, se cita la correspondiente a la Virgen de la Alegría, una obra del año 1558 del célebre escultor Roque Balduque; una talla perteneciente a una antigua Hermandad que se extinguió en el siglo XIX por diversos motivos, entre ellos la desamortización de Mendizábal y la falta de hermanos por la dificultad de conseguir en ellos todos los requisitos que se exigían.
Al exterior muestra su portada de acceso, levantada en la nave del Evangelio.
Se trata de una portada muy sobria, levantada en dos cuerpos de altura por incluir en ella una de las ventanas laterales que se abren a la plaza de Zurbarán, que muestra dos altas pilastras enmarcando la puerta de acceso. Sobre las pilastras corre un sencillo entablamento de donde parte un frontón recto roto y el enmarcado de la ventana superior que se corona con un frontón recto completo.


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