miércoles, 5 de abril de 2023

IGLESIA DE LA CARIDAD


 

En 1644, por ruina de la antigua capilla dedicada a San Jorge, se había decidido la construcción de una nueva iglesia según planos de Pedro Sánchez Falconete . Las obras quedaron paralizadas por motivos económicos y porque la Hermandad no era la propietaria de todos los terrenos. Miguel de Mañara, que había sido nombrado hermano mayor en 1663, se convirtió en el principal impulsor del proyecto y agilizó las obras del templo. Los planos fueron reformados por iniciativa del propio Mañara y la fachada fue rematada por Leonardo de Figueroa. La capilla mayor y la sacristía quedaron terminadas 1670. ​ La iglesia se inauguró el 16 de julio de 1674. Tras esto dio comienzo el proceso de ornamentación, que sería culminado en 1685, después del fallecimiento de Mañara.

En 1721 finalizó la construcción de los patios del hospital y de la torre de la iglesia, realizada por Leonardo de Figueroa.

La fachada de la iglesia, obra representativa del barroco sevillano, se encuentra estructurada en tres cuerpos de altura y presenta un esquema de gran simplicidad constructiva. Los dos tramos superiores se encuentran decorados con azulejos que representan a sus patronos San Jorge y Santiago y a las tres virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. 

Más abajo, a los dos lados de la puerta se contemplan esculturas de dos reyes santos: San Fernando, rey de Castilla y San Luis, rey de Francia, reflejando el carácter nobiliario que por entonces detentaba la Hermandad. La fachada aparece rematada por un ático precedido por una baranda de hierro y flanqueado por dos pináculos de ladrillo.

La iglesia es de una sola nave cubierta con bóveda de cañón y una pequeña cúpula en el antipresbiterio. Los muros se articulan con pilastrones y pilastras corintias que sostienen una cornisa de saliente alero. A los pies de la iglesia se encuentra el coro, elevado sobre una arcada triple. El templo se encuentra decorado con yeserías que en su nave central presenta formas abstractas.

La decoración interior de la iglesia fue programada por el propio Miguel de Mañara, y en ella intervinieron artistas tan prestigiosos como Murillo, Valdés Leal, Pedro Roldán y Bernardo Simón de Pineda que plasmaron la inspiración de Mañara acerca de la caridad cristiana.

A los pies del templo se encuentra dos de las obras maestras de Valdés Leal y que contienen una profunda meditación sobre la Muerte y los acontecimientos espirituales que la suceden: Finis gloriae mundi e In Ictu Oculi, en el trascoro, también de Valdés Leal, se encuentra El triunfo de la Santa Cruz.

Las obras anteriormente descritas daban paso a las seis pinturas de Murillo sobre la misericordia, cuatro de las cuales fueron robadas, en 1810, durante la Guerra de la Independencia, por el Mariscal francés Soult, que posteriormente exhibió orgullosamente en su casa de París. A su muerte, las pinturas fueron vendidas por sus herederos, encontrándose en diversos museos del mundo, la Galería Nacional británica de Londres, la Galería Nacional canadiense de Ottawa, la Galería Nacional estadounidense de Washington  y el Ermitage de San Petersburgo.  

Estos lienzos fueron sustituidos en un principio por cuatro paisajes con escenas bíblicas de Miguel Luna, que rompían el discurso iconográfico pretendido por Mañara. Desde 2008, se han colocado reproducciones de los cuadros originales de Murillo que hacen conservar el sentido iconográfico del conjunto de la iglesia y los cuadros de Luna se han restituido a la sala de capítulos alta con otros cuatro paisajes de su mano fechados en 1674.

El retablo mayor constituye una de las partes más destacadas de la iglesia. En 1670 Miguel de Mañara propuso la realización del retablo, en el que debía representarse la séptima de las obras de misericordia: enterrar a los muertos. La junta de gobierno contó con dos proyectos, de Francisco Dionisio de Ribas y de Bernardo Simón de Pineda. Con el asesoramiento de un grupo de hermanos del que formaba parte José Molina de Argote, Diego Ortiz de Zúñiga Bartolomé Murillo, la junta escogió la propuesta de Pineda. El precio final del retablo se fijó en 12.000 ducados, en lo que se incluía toda la escultura, que debía ser elaborada por Pedro Roldán. En 1674 se concluyó la obra con el dorado, estofado y policromía elaborado por Valdés Leal, que percibió 10.000 ducados por su trabajo.

El retablo consta de un banco sobre el que se levanta el primer cuerpo dividido por columnas de estilo salomónico. En su centro hay un brillante grupo escultórico de gran tamaño que representa el entierro de Cristo, se encuentra completado por un bajo relieve que contribuye a aumentar la sensación de profundidad del grupo principal. En el cuerpo superior del retablo aparecen representadas de forma alegórica la Fe, la Esperanza y la Caridad rodeadas de niños. Por último, en los laterales del retablo se encuentran dos figuras de San Roque, como protector de las epidemias y San Jorge como titular del templo.

La composición de la escena del entierro está resuelta de acuerdo con las reglas de la Hermandad de la Santa Caridad para los enterramientos de pobres y ajusticiados, que estipulaban que dos hermanos debían recoger el cuerpo del ajusticiado en sus brazos, como habían hecho José de Arimatea  y Nicodemus con el de Cristo, para entregarlo después al hermano mayor. Tal actitud parece que es la que adoptan Arimatea y Nicodemus en la representación, mientras que San Juan, que aparecen en el centro del grupo, ocuparía el papel del hermano mayor.

El retablo constituye en sí mismo una obra maestra del barroco español, la mejor creación de Bernardo Simón de Pineda y uno de los elementos claves y fundamentales de la retablística hispana. En el que la estructura se concibe como escenografía, completando la arquitectura del templo, que sirve de marco a la representación del entierro de Cristo, en el que se finge la existencia de un espacio dilatado, que culmina con el paisaje del Monte Calvario pintado por Valdés Leal como fondo de la citada representación. Todo el conjunto contribuye a captar la atención del espectador e introducirlo en la escena.

En la parte más alta del muro izquierdo se encontraban los cuadros Abraham recibe a tres ángeles y el Retorno del hijo pródigo, pertenecientes a la serie de Murillo sobre la misericordia, antes mencionada, y que actualmente se localizan respectivamente en el National Gallery de Ottawa y la National Gallery de Washington. Debajo de éstas, se encuentra en primer lugar un San Juan de Dios con un enfermo, uno de los dos cuadros de Murillo de la serie de la misericordia que no fueron robados; a continuación un retablo diseñado por Simón de Pineda, alberga una pintura de Murillo que representa la Anunciación. En este lado también se encuentra un interesante púlpito, rematado por una escultura de Pedro Roldán.

A continuación, en la parte alta del antepresbítero, está uno de los dos cuadros de Murillo que hacen referencia a milagros relativos a la Caridad; es de un mayor tamaño que los anteriores y representa a Moisés haciendo brotar agua de la Roca, haciendo referencia a la función de asistencia que desempañaba la Hermandad de la Santa Caridad (dar de beber a los que tienen sed). En la parte inferior aparece el retablo de la Virgen de la Caridad, original de Simón de Pineda, y una escultura del siglo XVI que es la única obra de la iglesia anterior al siglo XVII; rematando el retablo se halla El Niño Jesús de Murillo.

En el muro de la derecha, y comenzando por la izquierda (lado de la entrada) se encontraban en la parte alta los otros dos lienzos de Murillo de la serie de la misericordia que fueron robados, El levantamiento del tullido y La Liberación de San Pedro, actualmente en la National Gallery de Londres y el Ermitage de St. Petersburgo; por debajo de los anteriores, la composición realizada por Murillo que representa a Santa Isabel de Hungría curando a los tiñosos, la segunda de las obras de la misericordia que no fue robada en 1810, y a continuación un retablo del Santo Cristo de la Caridad, con una escultura original de Pedro Roldán.

Del lado del altar, en la parte superior, se puede contemplar la segunda obra de Murillo sobre los milagros de la Caridad: La multiplicación de los panes y los peces (dar de comer a quien tiene hambre). En la parte inferior se localiza el retablo de San José, ejecutado por Bernardo Simón de Pineda, mientras que la escultura de Santo es obra de Cristóbal Ramos, del siglo XVIII. En la parte superior del retablo aparece otra pintura de Murillo que representa a San Juan Bautista niño.

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