Flanqueada por naranjos de escaso tamaño, un elemento distintivo marca las huellas del pasado que
atesora la plaza, un elemento que señala su personalidad: el viejo crucero de forja sobre una columna de mármol blanco que preside el entorno.
Este tipo de hitos abundaban en la ciudad hasta hace relativamente poco tiempo, ya que lo mismo servían para marcar los límites de las collaciones, que para señalar la presencia de un camposanto intramuros como para simplemente dar un toque de atención “espiritual” a los caminantes. Por desgracia, hoy día quedan solo unos pocos ejemplos (y menos en su ubicación original) diseminados en algunos puntos de la ciudad, como el que estamos tratando en esta entrada.

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