A la derecha del retablo cerámico existe una pequeña cruz de forja alzada sobre una esbelta columna de mármol blanco que se aloja en una especie de hornacina que se crea en ese rincón de la plaza.
La sola visión de este rincón evoca otros tiempos, pues a los irregulares paramentos blancos de sus paredes y al desigual empedrado de su pavimento se une la imagen de unos simples huecos de ventana con rejas a cada lado de la cruz y una serie de humildes macetas donde crecen, entre otras plantas "de sombra" las verdes y finas cintas y las clásicas aspidistras.

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