martes, 25 de abril de 2023

CALLE ANGOSTILLO

 

Una de las calles más sombrías y donde más seres extraños se paseaban entre sombras en Sevilla. Es el trocito de calle que quedaba entre la Iglesia de San Andrés y el Convento del Pozo Santo.

Entre ambos muros, la estrechez y el retorcimiento de  la calle, dejaba poco espacio para el tránsito. Dos o tres casas viejas y ruinosas junto con un caserón deshabitado desde que la Inquisición apresó a sus moradores eran los únicas construcciones que había además de los dos edificios religiosos. Y pese a haber un retablo público con una Inmaculada, junto a la que ardía una triste lámpara de aceite. Seres extraños de todo tipo no se amilanaban y campaban a sus anchas por una calle que todos evitaban de noche.

La  calle, desde  el punto de vista urbanístico, y como definición, aparece perfectamente delimitada en  la  población  histórica  y en  los  sectores  urbanos donde predomina la edificación compacta o en manzana, y constituye el espacio libre, de tránsito, cuya linealidad queda marcada por las fachadas de las  edificaciones  colindantes  entre  si. 

La vía, en este caso una calle, debe su nombre a la estrechez del lugar, sobre todo en el tramo final de la calle, situado en la trasera de la iglesia de San Andrés, en cuyo muro, según González de León, hubo en tiempos un retablo en forma de capilla dedicado a la Pura y Limpia Concepción. Su primitivo nombre fue el de Estrecho de San Andrés (plano de Olavide, 1771). Más tarde se conoció como Angostillo de San Andrés (plano de Sartorius, 1848) y desde 1869, al menos, simplemente como Angostillo.
 
De configuración rectilínea en su primer tramo, sirve de límite, junto con Daoíz, a las dos plazas existentes ante el templo parroquial de San Andrés, la de Fernando de Herrera y la de Florentino Pérez Embid, resultado ésta última del derribo, en los años 70 de nuestro siglo, de una gran manzana de casas (y que hoy se llaman ambas plaza de Fernando de Herrera). La desaparición de esa manzana libró a la primera parte de Angostillo de su estrechez tradicional y hace posible la particularidad de que la calle se reduzca prácticamente a una sola acera con numeración par. 
 
La linealidad de ese tramo contrasta con la sinuosidad del segundo, que va bordeando el ábside de la parroquia y que aparece encajonado entre éste y los altos muros traseros del hospital del Pozo Santo. De ahí su carácter sombrío, acentuado por la sensación de descuido y falta de limpieza que ofrece el lugar. Por la derecha desemboca la calle Atienza.
 
Su pavimento es de chino lavado con cuadros de adoquines, y las aceras aparecen también adoquinadas. El tramo final en cambio, está asfaltado, si bien la calle es prácticamente peatonal y sirve de aparcamiento a la altura de la plaza de Florentino Pérez Embid, a partir de la salida del pasaje Los Azahares. Dominan los edificios de principios del siglo XX, de tres plantas, alternando con otros más modernos. 
 
Destaca la casa núm. 10, del siglo XVIII, de dos plantas con un bello patio con galerías en ambas. La calle se ilumina con farolas de diseño decimonónico adosadas a los pares y cumple una función residencial, aunque en el primer tramo hay algunas oficinas. El segundo carece de viviendas y en él existió hasta hace poco una carpintería adosada al muro del hospital. En una de la casas de Angostillo vivió el americanista Francisco de las Barras de Aragón, y en otra el arquitecto Fernando Barquín: "ambos deambulaban por el angostillo todos los días. 
 
Uno, con su ancho abrigo, por cuyos bolsillos se escapaban las papeletas con dejos del Archivo General de Indias, y otro, con su rollo de planos bajo el brazo, escudriñando con sus potentes gafas el más recóndito rincón de aquel bellísimo barrio".



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