El museo de Santa Paula reabrió sus puertas tras el verano con importantes
novedades. Se trata del espacio museístico conventual más antiguo de Sevilla.
En él se exhiben esculturas, pinturas y artes decorativas propiedad de esta
rama femenina de la Orden de San Jerónimo, junto al legado de la colección del
ducado del Infantado a una de sus hijas, la priora Cristina de Arteaga, quien
también fue la encargada de la apertura de este museo en 1976.
Se han añadido a la colección nuevas obras de escultura y de pintura con distintos tamaños procedentes de la clausura. Destaca un Calvario, obra de Juan de Astorga del siglo XIX. Del noviciado se han incorporado una talla de Santa Eustoquio, realizada por el escultor Cristóbal Ramos Tello y un Niño Jesús Buen Pastor del Sagrado Corazón del mismo autor. Otros dos Niños Jesús se incorporan a la exposición, siendo el primero una obra montañesina del seiscientos de gran calidad y el segundo una obra pasionista con intervención de Gabriel de Astorga.
Igualmente, se ha renovado el ajuar textil que se puede admirar en las vitrinas con dos casullas blancas del siglo XVIII. También es novedad el Simpecado de gala de la cofradía de Nuestra Señora de Loreto, ejecutado en 1746, cuya pintura recuerda la obra de Domingo Martínez. El renovado espacio museístico se completa con un nuevo cofre granadino de San Jerónimo, un lienzo de Antonio María Esquivel que representa a Jesús con Marta y María, de 1849.
El visitante que accede al museo desde el patio interior del monasterio, tiene ante sí las obras que las jerónimas han reunido desde que la madre Ana de Santillán fundara el cenobio tras la bula del papa Sixto IV, fechada en enero de 1473. El itinerario comienza en el atrio del torno, subiendo una escalera hasta los locutorios. La 1.ª sala expositiva, hoy utilizada como locutorio, sorprende en primera instancia con La Inmaculada de Mateo Cerezo, un San Jerónimo atribuido a Ribera y un retrato del cardenal de Solís. Esto es lo más destacado de un catálogo en el que también conviene resaltar el ajuar litúrgico y esculturas de diversas cronologías.
Cuadros, esculturas, relieves, textiles, relicarios, belenes… Las 3 salas de las que consta el Museo de Santa Paula reúnen una destacada colección de arte de la que forma parte el propio continente. Dan fe de ello los artesonados mudéjares de la sala principal y el coro alto, así como el monasterio en su conjunto, edificio declarado Bien de Interés Cultural (BIC) por decreto del 3 de junio de 1931.
De ahí se pasa a la sala principal, donde llama la atención el artesonado de alfarje mudéjar. Desde ahí se puede contemplar el claustro principal del monasterio, reservado para la clausura. Y en esta sala es obligado detenerse ante La Adoración de los pastores, en la que la imagen de la Virgen está tomada de la hija de Ribera. Entre los lienzos se agrupan varios relicarios, sobresaliendo uno en bronce y cristal de roca, regalo de Doña Mariana de Austria a las comendadoras de Santiago de Madrid.
El coro alto es la última estancia del museo. Su artesonado de madera está firmado por Diego López de Arenas, y en sus muros se acumulan obras de diversa autoría y procedencia. Destaca un San Jerónimo penitente del siglo XVII, el Descanso en la huida a Egipto, de Juan de Sevilla, y una copia de La Piedad de Van Dyck. Pero, por encima de todo, llama la atención el Nacimiento del siglo XVIII que se contempla tras una vitrina, y que se atribuye a Fernando de Santiago. Está compuesto de numerosas figuras de barro cocido que representan escenas de la historia de la salvación, empezando por el pecado original. Esta sala regala una visión elevada de la iglesia del monasterio, presidida por el magnífico retablo que realizara José Fernando de Medinilla en 1730.
El recorrido expositivo se completa con el regalo que supone transitar por un patio interior donde el visitante siente el peso liviano del silencio, la historia y la paz que regalan todas las comunidades de vida contemplativa. Santa Paula, además, se suma a la larga nómina de comunidades que elaboran productos de repostería para su sostenimiento. En este caso sobresalen sus magníficas mermeladas, un referente culinario cuya bien merecida fama trasciende los límites de la ciudad que acoge a estas monjas desde hace quinientos años.
Otra de las mejoras introducidas es la completa renovación de la página web del convento (https://santapaula.es/) por medio de una aplicación que estará activa los próximos días.
El museo de Santa Paula, en la calle del mismo nombre, se puede visitar de martes a domingo de 10:00 a 13:00. Las entradas están a la venta en la página web.
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