
El antiguo convento Casa Grande de Santa María de la Merced fue fundado en el siglo xiii y desamortizado en 1835. Se ubicaba en lo que hoy constituye el Museo de Bellas Artes de la ciudad y se extendía también a toda la actual plaza del Museo. Era de los mercedarios descalzos.
El edificio que alberga el museo se construyó como convento de la Merced. Esta orden fue fundada por San Pedro Nolasco en 1218. Tras la conquista de Sevilla en 1248, Fernando III cedió a la orden unas casas para la instalación del convento y le otorgó rentas al mismo. Las casas se encontraban en un terreno extramuros, cerca del río Guadalquivir, donde se levantó el convento de nueva planta en 1249. En 1251 se trasladaron a un lugar intramuros, cerca de la puerta Real.
En 1587 hubo un proyecto de reforma del convento del arquitecto Asensio de Maeda, aunque no se llevó a cabo.
En 1588 se creó la provincia de Andalucía de esta orden, ya que antes esta región dependía de la provincia de Castilla. Este convento pasó a ser la casa grande de la orden en la provincia de Andalucía.
Fray Alonso de Monroy, general de la orden en 1602, promovió la realización de la reforma del convento, que se realizó a partir de 1603 con un proyecto del arquitecto Juan de Oviedo y de la Bandera y con el alarife Francisco González.
La iglesia conventual, que se terminó en 1612, se encuentra en la parte suroreste del inmueble. Es de una sola nave. El testero de la iglesia fue decorado con pinturas murales realizadas en 1659 por Francisco Fonseca, que representan ángeles y motivos florales, así como un anagrama de María en el arco de la capilla mayor. En 1727 Domingo Martínez y Miguel Moreno realizaron otra serie de pinturas murales para los pilares, la cúpula y las bóvedas. Estas representan ángeles, guirnaldas, hechos del Antiguo Testamento y santos de la orden. La iglesia tuvo un retablo mayor realizado en 1597 por el escultor Diego Deza y el ensamblador Jacques Bauchel, que fue sustituido por otro de mayor tamaño realizado por Felipe de Ribas entre 1646 y 1648.
En el lateral izquierdo del templo hay una portada, actualmente tapiada, realizada en el último cuarto del siglo xviii y atribuida a José Álvarez.
La portada principal del convento es de 1729. Fue realizada por el cantero Miguel de Quintana con un diseño de este artesano y fray Francisco Bartolomé de Roxas. En la parte superior de la portada hay una hornacina con la Virgen de la Merced flanqueada por dos personas arrodilladas que, según el contrato, son dos cautivos liberados pero que, según algunos autores, son estatuas de San Pedro Nolasco y Jaime I de Aragón.
El edificio tiene tres claustros: el claustro Grande, el claustro de los Bojes y el claustro del Aljibe. El claustro Grande fue diseñado por Juan de Oviedo, aunque la parte superior fue reformada por Leonardo de Figueroa en 1728. La planta baja cuenta con zócalos de azulejos realizados en 1620 por Hernando de Valladares. El claustro de los Bojes fue diseñado por Juan de Oviedo y realizado en 1612. Daba acceso al refectorio, en la zona sur, y a la enfermería. En la planta baja del claustro del Aljibe se encontraban las habitaciones de los prelados, y la sala de Láminas y, en la planta alta, se encontraban la biblioteca y el archivo.
La escalera imperial fue trazada por Juan de Oviedo. Está decorada con yeserías realizadas por el escultor Alonso Álvarez de Albarrán y el albañil Diego de Escobar en 1624.
Entre el claustro Grande y el de los Bojes se encontraba la sala de profundis, donde tenía lugar el óbito de los religiosos.
El 1 de febrero de 1810 las tropas francesas ocuparon Sevilla. El convento fue usado como cuartel, en el que se alojaban cien soldados. Los libros y la madera del convento fueron quemados para que la tropa se calentase. Las barandillas de hierro y la solería fueron arrancadas. El 6 de febrero de 1810 un incendio arrasó el inmueble, en el quedó destruido el retablo mayor de la iglesia, obra de Felipe de Ribas y muy destruida la zona de dormitorios. Tras la expulsión de las tropas franceses, los frailes regresaron en 1815.
El nuevo retablo de la iglesia fue realizado por José Fernández en 1815. Durante el Trienio Liberal, el convento fue exclaustrado en 1820, aunque los mercedarios regresaron al mismo el 1823. El convento fue desamortizado en 1835.
En 1835 fue creado el Museo Provincial, que en 1838 pasó a tener su sede en el edificio del convento. El noviciado, que se encontraba en ruinas desde la ocupación francesa y que ocupaba casi la mitad del inmueble, fue derribado para la creación de la plaza del Museo por el arquitecto municipal Balbino Marrón en 1846. La plaza fue decorada con estatuas y jarrones traídos del palacio arzobispal de Umbrete y de Itálica, y tenía en su centro una fuente con una estatua de Baco sobre un delfín. Tenía dos hileras de árboles y de bancos de piedra con respaldos de hierro. Fue terminada en 1846, para la celebración del cumpleaños de Isabel II. La plaza fue reformada en 1847. Se rebajó la cota para que tuviera mejor visibilidad la fachada del museo. Se retiraron las estatuas y la fuente. En el centro se colocó una estatua de Murillo realizada por Sabino Medina y fundida en París por Eck Durand, con un pedestal realizado por Demetrio de los Ríos.
En 1851 Balbino Marrón hizo una nueva fachada para el museo, de estilo clasicista. Esta fachada fue reformada entre 1942 y 1945 por los arquitectos Alberto Balbontín de Orta y Antonio Delgado Roig en estilo neobarroco.

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