Debe su nombre al antiguo convento que había en esta zona y que se
extendería por la actual avenida de María Luisa, la zona de los
pabellones de la Exposición Iberoamericana y el Lope de Vega. Abandonado
desde finales del siglo XVIII por las riadas del cercano Tagarete,
posteriormente acogió una fábrica de curtidos y ya en el siglo XIX el
duque de Montpensier utiliza sus restos como caballerizas, quedando
dentro de los límites del Palacio de San Telmo. En 1883 se derriba el
edificio y a principios del siglo XX se levanta en esta zona la entrada
monumental a la Exposición de 1929 con pilares de ladrillo decorados con
formas vegetales y frutos. En esta zona estaban el pabellón de Sevilla
(teatro Lope de Vega y Casino de la Exposición), los pabellones de
Portugal, Macao y de Información (actual restaurante La Raza).
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La fuente se convierte por tanto en referente de la Exposición al ser lo primero que veían los visitantes al llegar a la misma. Vicente Traver diseña una triple arcada de ladrillo, acorde con los pilares que
decoran la zona y decorados con motivos vegetales. El juego de curvas y
contracurvas, de claras reminiscencias barrocas, dialogan con las líneas
neobarrocas del cercano Casino de la Exposición. Un basamento de mármol
contribuye a dar mayor monumentalidad y categoría a la fuente.
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De
la decoración escultórica se encargan dos de los artistas más activos
de la Sevilla de la época. La escultura central, que representa a Hispania, es obra de Manuel Delgado Brankembury.
El león y la bola del mundo hacen referencia a la importancia de la
monarquía hispánica durante siglos. Las esculturas laterales son obra de Enrique Pérez Comendador y son una alegoría de la ciudad de Sevilla. La figura de la izquierda con frutos en sus manos, hace referencia a la riqueza material de la ciudad mientras que la de la derecha, que porta una pequeña inmaculada, simboliza la riqueza espiritual de Sevilla.
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El programa iconográfico es claro, España y Sevilla dan la bienvenida a los visitantes de la Exposición donde están representadas todas las antiguas colonias hispánicas. Sevilla como capital del mundo hispánico queda resumida en esta fuente. Mientras que la figura de Hispania es poderosa, regia, elegante; las figuras secundarias tienen un mayor movimiento y libertad, son más alegres pero sin abandonar la elegancia y suntuosidad que caracterizan a la anfitriona de la Exposición. Por último, la fuente recurre a la herencia clásica, el surtidor, un figura masculina, proviene de la tradición artística renacentista y barroca mientras que una concha recoge las aguas que fluyen hacia la parte inferior.
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El programa iconográfico es claro, España y Sevilla dan la bienvenida a los visitantes de la Exposición donde están representadas todas las antiguas colonias hispánicas. Sevilla como capital del mundo hispánico queda resumida en esta fuente. Mientras que la figura de Hispania es poderosa, regia, elegante; las figuras secundarias tienen un mayor movimiento y libertad, son más alegres pero sin abandonar la elegancia y suntuosidad que caracterizan a la anfitriona de la Exposición. Por último, la fuente recurre a la herencia clásica, el surtidor, un figura masculina, proviene de la tradición artística renacentista y barroca mientras que una concha recoge las aguas que fluyen hacia la parte inferior.
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