miércoles, 5 de abril de 2023

CAPILLA DE LA ORDEN TERCERA FRANCISCANA



 












A la altura del número siete de la calle Cervantes, veremos un arco de medio punto con el rótulo “Instituto Martínez Montañés” y, a su lado, un sencillo vano rectangular, flanqueado por sencillas pilastras y coronado por un ático con hornacina ocupada por una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.

En este lugar se encontraba el convento de San Pedro de Alcántara, fundado por la Orden Franciscana en el siglo XVII. Aquí llegaron procedentes del desaparecido convento de San Diego (1580), que ocupaba el lugar de los actuales Casino de la Exposición y Teatro Lope de Vega, y que debieron abandonar debido a las constantes inundaciones que sufría. 

En la calle Cervantes se edificó un cenobio sencillo, sin grandes lujos, de regular tamaño, en el lugar en el que se sitúa el actual Instituto San Isidoro. En los actos de culto participaban, asimismo, los seglares y religiosos que formaban la Orden Tercera Franciscana. A finales de este mismo siglo XVII, los “Terceros” reciben un pequeño solar en terrenos del convento y construyen la actual capilla.

Llegó el siglo XIX, con los tres acontecimientos tan aciagos para las instituciones religiosas: la invasión napoleónica, las desamortizaciones de Mendizábal (1835 y siguientes) y la revolución La Gloriosa, en 1868.

Los frailes no tuvieron tales cautelas y, aunque regresan al convento en 1813 tras la expulsión de los franceses, son exclaustrados en el año 35, usándose el edificio como centro de enseñanza, aunque respetando el templo. Tras La Gloriosa, el padre Hornillo se hace cargo del templo e impide su secularización, cosa que consigue definitivamente en 1895 al ser cedido a las Esclavas del Corazón de Jesús, bajo cuya responsabilidad permanece hoy en día.

En su configuración actual, iglesia y capilla comparten un atrio como entrada, que es el que se abre a la calle Cervantes. Al traspasar la puerta del número siete de la calle Cervantes nos encontraremos en el pequeño atrio antes nombrado. Al frente está la entrada a la iglesia y, a nuestra derecha, el acceso a la capilla de la Orden Tercera.  Tiene planta rectangular, típica de cajón, cubierta por bóveda de cañón dotada de falsos lunetos y dividida en varios tramos. 

Una hornacina acoge una imagen de Margarita de Cortona, santa italiana que perteneció a la Orden Tercera.

 Ante el muro del Evangelio, un óleo sobre lienzo que representa La Coronación de Espigas, de finales del XVII o principios del XVIII, de autor anónimo y discreta calidad artística.

A su lado, una hornacina acoge el retablo de la Virgen del Carmen, de estilo rococó, con abundante rocalla y adornos vegetales. La imagen de la Virgen es barroca, de autor anónimo y siglo XVIII. Se nos muestra sosteniendo al Niño con el brazo izquierdo y portando en el derecho un escapulario, según la escena en que se aparece a San Simón indicándole que los que portasen un escapulario en el momento de su muerte se librarían de la estancia en el Purgatorio.

A continuación, cuelga del muro una pintura sobre tabla con la imagen de San Agustín, representado como obispo, con pluma y libro en su mano derecha, como símbolo de prolífico autor de textos religiosos, y una maqueta de iglesia, atributo de los fundadores de una orden. Esta tabla es, en realidad, la puerta de un tabernáculo que seguramente pertenecía al primitivo convento de San Diego. Cuando se abre, comprobamos que está dotada de compartimentos y decorada con símbolos franciscanos. Gemela de esta es la tabla de enfrente que representa a San Andrés.

San Francisco liberando a las ánimas del Purgatorio es de gran tamaño, que cuelga de este muro del Evangelio. Se trata de una obra de buena calidad, atribuida a Esteban Márquez, discípulo directo y aventajado de Murillo, datada a finales del XVII o principios del XVIII.

Finalizamos el recorrido ante el muro del Evangelio contemplando tres pinturas que cuelgan del mismo:

a.-Vanitas. Típica representación durante los siglos XVII y XVIII de la fugacidad de la vida terrena con el inevitable triunfo de la muerte. Vemos los atributos que aluden a este asunto, como el cráneo, la pompa de jabón, la vela y el reloj de arena. Aparecen palabras como "sierta" (la muerte), "yncierta" (la hora) y "breve" (la vida), Estilo barroco y autor anónimo.

b.-Muerte de San José. Autor anónimo, principios del siglo XVIII. Se trata de un tema poco frecuente en el arte cristiano.

c.-Santos de la Orden Tercera. Se representa como un árbol, en cuyas raíces aparece San Francisco, del que parte un tronco dotado de numerosas ramas ocupadas por santos de la Orden y en cuya copa se ve la Santísima Trinidad. 

El Altar Mayor ocupa todo el testero tras él una pintura mural que nos muestra un grupo de ángeles que recogen un gran cortinaje.

La abundante decoración de volutas y motivos vegetales y geométricos del altar delata su estilo barroco, casi rococó, estando fechado a principios del siglo XVIII. No se conserva documentación sobre el autor o autores. 

Un arco de medio punto aloja el retablo con un cuerpo de tres calles y ático, en tanto que a los laterales aparecen dos hornacinas aveneradas, coronadas por dos escudos: el de la orden dominica a la izquierda, y el emblema típico franciscano en el que se cruzan los brazos de Cristo y de San Francisco, con la cruz del martirio tras ellos.

Las figuras representadas son las siguientes, de izquierda a derecha:

-Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Predicadores o Dominicos. 

-San Ivo. Terciario de la Orden Franciscana, es el patrón de los juristas, los magistrados, los procuradores y los profesores de Derecho. Por esta razón, suele representarse con la toga negra de los abogados, aunque en este caso muestra capa negra y hábito del mismo color, ceñido por un cíngulo dorado. Luce en su mano derecha un rollo de pergamino. 

-Virgen de la Aurora. Atribuida a José Montes de Oca (siglo XVIII), es la titular de esta capilla y, por ello, preside el Altar Mayor. Se representa sosteniendo al Niño Jesús con el brazo izquierdo y portando un rosario en el derecho. Sus atributos, corona, ráfaga, media luna, están labrados en plata de ley.

-Santa Clara. Fue la fundadora de la rama franciscana femenina, las Clarisas. Se nos muestra con el tradicional hábito marrón de la orden, cíngulo dorado con tres nudos y custodia en la mano derecha.   

-San Francisco de Asís Es la imagen más antigua del retablo y la de mejor calidad artística. El santo franciscano sostiene un banderín con la mano derecha y un crucifijo en la izquierda. Se viste con hábito de terciopelo morado, ricamente bordado con hilos de oro.

Todas las imágenes del altar son de autor desconocido, estilo barroco y siglo XVIII, a excepción de la Virgen de la Aurora, algo más antigua.

En el muro de la Epístola veremos un óleo de buen tamaño sobre lienzo que nos muestra la escena de La curación del paralítico en la piscina probática; obra de buena calidad, es atribuida con fundamento a Peter van Lint, en el siglo XVII.

Junto al anterior, sobre la puerta de la sacristía, cuelga la representación  pictórica de La Virgen entregando el Niño Jesús a una venerable franciscana. Es obra anónima del siglo XVIII. La franciscana que recibe el Niño es sor María Jesús de Agreda, una monja soriana del siglo XVII que destacó en aquellos tiempos por su gran devoción a la Inmaculada Concepción.

Un gran cuadro, La Inmaculada Concepción, reflejada al estilo del siglo XVII, anónimo y de discreta calidad, vemos al otro lado de la puerta de la sacristía. 

Le sigue una pintura sobre tabla con representación de San Andrés, gemela a la frontera de San Agustín. Al igual que esta, posee en su interior diversos compartimentos adornados con motivos franciscanos.

Terminamos el recorrido de este muro ante en retablo de San Clemente, gemelo igualmente del retablo de la Virgen del Carmen, y una pintura con la escena de La Flagelación, del mismo autor que la del muro del Evangelio.

A los pies de la capilla, en este lado de Epístola se sitúan dos imágenes, un Niño Jesús de estilo montañesino en el interior de una vitrina y una tosca escultura de San Pedro de Alcántara. El Niño, fechado en el siglo XVIII y vestido con ropas del XIX, fue restaurado en 2.013.

Destacan por encima del discreto nivel artístico general, la Virgen de la Aurora y San Agustín en el retablo Mayor, y los lienzos de San Francisco liberando a las ánimas del Purgatorio y La curación del paralítico en la piscina probática.

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