
Se
trata de un calle corta y peatonal, no excesivamente ancha que comunica la calle Cuna con la calle Sierpes. Siempre ha sido una arteria señorial.
Cuando el albero era el único equipamiento de las calzadas de la época,
en 1622 se empedró esta vía. Dos siglos más tarde es pionera en la
técnica del pavimento con tacos de madera, sin embargo esta práctica no
prolifera y se procede a adoquinar
la vía con piedras de granito de Gerena que, posteriormente, se utilizarían en muchas calzadas de la ciudad.
Originariamente
se denominó Arqueros, por el asentamiento, en esta zona, de estos
soldados, posteriormente recibió el nombre de Freneros ya que este tipo
de artesanos se ubicaban aquí, ubicación que terminó adoptándose por los
cerrajeros, empezándose a conocer la calle hacia el siglo XVI como
Cerrajería. Entre 1911 y 1938 se rotuló como Pi y Margall en homenaje al
presidente de la I República, pero finalmente volvió a la denominación
con la que ha llegado hasta nuestros días.
La
Cruz más representativa de Sevilla se instaló en 1693, justo donde hoy
se levanta un quiosco. El homenaje al gremio de los cerrajeros quedaba
latente en este crucifijo de cerrajería.
La calle forma parte del itinerario de la célebre procesión de Corpus. Y a finales del siglo XIX incluso se instaló en Semana Santa justo donde confluye con Sierpes, un palquillo para controlar las entradas de las cofradías hacia La Catedral.
Esta calle también tiene otra relación directa con una de las calles del barrio Santa Cruz, concretamente con la calle Lope de Rueda, que hasta 1840 fue denominada como Barrabás. Y anteriormente se conocía por calle de los Melgarejo, por habitar aquí tan ilustre familia de la vida sevillana del siglo XVII. Se dice que en la procesión del Corpus de 1627 Don Fernando Ortiz de Melgarejo, influyente caballero que estando casado con la también noble, doña Luisa Maldonado, siguió su afición a la buena vida sin reparar en los excesos. Contrajo una aventura fuera del matrimonio continuada en el tiempo con la también casada Doña Dorotea Sandoval. Esto ocurría con frecuencia, pero en lo que falló Melgarejo fue en exhibir su infidelidad a la vista de todos. Ya que ese año cuenta la leyenda que contempló la procesión desde uno de los balcones que confluyen en la calle Cerrajería con la de Cuna.
Este hecho llegó a los conocimientos de su esposa que envenenó a la amante de su marido. Don Fernando poseedor de un carácter violento y sin escrúpulos mandó matar a su cónyuge. Un año después se topó con el cornudo del marido de su querida y se batió en duelo con él que le dio muerte al parecer con la ayuda del criado mulato del consorte humillado.
La calle forma parte del itinerario de la célebre procesión de Corpus. Y a finales del siglo XIX incluso se instaló en Semana Santa justo donde confluye con Sierpes, un palquillo para controlar las entradas de las cofradías hacia La Catedral.
Esta calle también tiene otra relación directa con una de las calles del barrio Santa Cruz, concretamente con la calle Lope de Rueda, que hasta 1840 fue denominada como Barrabás. Y anteriormente se conocía por calle de los Melgarejo, por habitar aquí tan ilustre familia de la vida sevillana del siglo XVII. Se dice que en la procesión del Corpus de 1627 Don Fernando Ortiz de Melgarejo, influyente caballero que estando casado con la también noble, doña Luisa Maldonado, siguió su afición a la buena vida sin reparar en los excesos. Contrajo una aventura fuera del matrimonio continuada en el tiempo con la también casada Doña Dorotea Sandoval. Esto ocurría con frecuencia, pero en lo que falló Melgarejo fue en exhibir su infidelidad a la vista de todos. Ya que ese año cuenta la leyenda que contempló la procesión desde uno de los balcones que confluyen en la calle Cerrajería con la de Cuna.
Este hecho llegó a los conocimientos de su esposa que envenenó a la amante de su marido. Don Fernando poseedor de un carácter violento y sin escrúpulos mandó matar a su cónyuge. Un año después se topó con el cornudo del marido de su querida y se batió en duelo con él que le dio muerte al parecer con la ayuda del criado mulato del consorte humillado.
Ahora,
aún, se aprecia la dominación de los comercios en los bajos de los
edificios, pero esto no ha sido una excepción, Álvarez Benavides ya
escribió en el siglo XIX, “todas sus edificaciones están ocupadas por
establecimientos fabriles o comerciales”. Mención especial merece la
confitería Ochoa, una de las más antiguas de la ciudad junto a La
Campana, que supo superar el incendio del 2001 que acabó con sus
instalaciones.

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