Al final del Callejón del Agua, donde convergen la Calle Lope de Rueda, y
una de las puertas de los Jardines de Murillo nos encontramos con una
pequeña y coqueta plazoleta, la Plaza Alfaro.
Esta Plaza de Alfaro se denominó en la última mitad del siglo XVI como
Plazuela del Obispo de Squilache, al vivir en ella Don Alonso Fajardo
que fue canónigo de Sevilla y Obispo de Squilache, fundador del
Convento de las Vírgenes en 1.587.
Su actual nombre lo toma del
celebre jurista Don Francisco de Alfaro, quien nació en dicha plaza en
1551. Entre su labor jurídica sobresalió su defensa del derecho natural
de los indios de América. Después de inspeccionar el trato que recibían
los indios del Río de la Plata y Tucumán (1610-1612), elaboró unas
Ordenanzas que abolían las encomiendas con servicio personal.
Continuando con la Plaza Alfaro, hay dos elementos diferentes pero que, en este caso, están muy ligados. Por un lado, el balcón; y, por otro, a la ópera "El barbero de Sevilla". En este balcón, cuenta la leyenda que pasa gran parte de la acción de la obra operística.
En la Plaza Alfaro podemos ver, sobre la antigua muralla almohade y que, hoy en día forma parte de las extensiones del Alcázar, dos orificios que sirvieron a los cristianos para conducir el agua desde las afueras de la ciudad. Así lo testifica una placa que se instaló con motivo de su restauración.
Es destacable la "Reja del diablo" y que podemos ver sobre la fachada del nº 1 de la Plaza Alfaro, esquina con calle Lope de Rueda y a escasos pasos de la conocida Plaza de Santa Cruz.
Como si se tratara de una leyenda romántica de Gustavo Adolfo Bécquer, el imaginario popular quiso investir de poder sobrenatural a esta maraña de hierros cruzados y entrelazados a la que la mente no da explicación a no ser de que seas ducho en el arte de la forja.
La reja de forja no tiene los barrotes ni soldados ni pegados, como si fuera de una unión antinatural permanecen unidos al estar entrelazados, como si el hierro se hubiera convertido por arte de magia algo líquido al que poder dar forma a tu antojo. Quizás es esta característica la que ha hecho que muchos digan de esa reja que la forjó el mismísimo diablo. Y esa historia es la que muchos turoperadores comentan a pie de casa sin tener en cuenta, en muchas ocasiones, la realidad de su realización o lo que pensarán los propietarios de esa casa, algunas veces cansados de escuchar mil y una historias sin sentido.
La técnica de realización de la reja tiene poco de paranormal o de demoniaco, se trata de una reja machihembrada efectuada bajo una forma llamada de punzonado que la hace casi imposible de imitar y original.

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