viernes, 17 de marzo de 2023

PLAZA ALFARO


Al final del Callejón del Agua, donde convergen la Calle Lope de Rueda, y una de las puertas de los Jardines de Murillo nos encontramos con una pequeña y coqueta plazoleta, la Plaza Alfaro.
Esta Plaza de Alfaro se denominó en la última mitad del siglo XVI como Plazuela del Obispo de Squilache, al vivir en ella Don Alonso Fajardo que fue canónigo de Sevilla y Obispo de Squilache, fundador del Convento de las Vírgenes en 1.587.
Su actual nombre lo toma del celebre jurista Don Francisco de Alfaro, quien nació en dicha plaza en 1551. Entre su labor jurídica sobresalió su defensa del derecho natural de los indios de América. Después de inspeccionar el trato que recibían los indios del Río de la Plata y Tucumán (1610-1612), elaboró unas Ordenanzas que abolían las encomiendas con servicio personal.

Continuando con la Plaza Alfaro, hay dos elementos diferentes pero que, en este caso, están muy ligados. Por un lado, el balcón;  y, por otro, a la ópera "El barbero de Sevilla". En este balcón, cuenta la leyenda que pasa gran parte de la acción de la obra operística.

En la Plaza Alfaro podemos ver, sobre la antigua muralla almohade y que, hoy en día forma parte de las extensiones del Alcázar, dos orificios que sirvieron a los cristianos para conducir el agua desde las afueras de la ciudad. Así lo testifica una placa que se instaló con motivo de su restauración.

 Es destacable la "Reja del diablo" y que podemos ver sobre la fachada del nº 1 de la Plaza Alfaro, esquina con calle Lope de Rueda y a escasos pasos de la conocida Plaza de Santa Cruz.

Como si se tratara de una leyenda romántica de Gustavo Adolfo Bécquer, el imaginario popular quiso investir de poder sobrenatural a esta maraña de hierros cruzados y entrelazados a la que la mente no da explicación a no ser de que seas ducho en el arte de la forja.

La reja de forja no tiene los barrotes ni soldados ni pegados, como si fuera de una unión antinatural permanecen unidos al estar entrelazados, como si el hierro se hubiera convertido por arte de magia algo líquido al que poder dar forma a tu antojo. Quizás es esta característica la que ha hecho que muchos digan de esa reja que la forjó el mismísimo diablo. Y esa historia es la que muchos turoperadores comentan a pie de casa sin tener en cuenta, en muchas ocasiones, la realidad de su realización o lo que pensarán los propietarios de esa casa, algunas veces cansados de escuchar mil y una historias sin sentido.

La técnica de realización de la reja tiene poco de paranormal o de demoniaco, se trata de una reja machihembrada efectuada bajo una forma llamada de punzonado que la hace casi imposible de imitar y original.

Este tipo de rejas no se hacía en Sevilla, sino que eran fabricadas fuera teniéndose constancia de otras en diferentes puntos de nuestra geografía. Un taller de forjado en Úbeda o Jaén parece ser que, se especializaron en ella durante esa época. La dificultad para su realización es grande y sólo los maestros eran capaces de hacer una igual, por eso decía de ella que «sólo el diablo podía ser su creador» aunque este tipo de reja también tiene sus iguales en otras partes de Europa.

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