Cuenta en su cripta con el Panteón de Sevillanos Ilustres, donde está enterrado, entre otras figuras, Gustavo Adolfo Bécquer. Está situado en la calle Laraña, junto a la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla.
La expulsión de la Compañía de Jesús en 1767 deja abandonado el convento, al que se trasladaría la Universidad de Sevilla en 1771 convirtiéndose el colegio en Universidad Literaria por voluntad expresa de Pablo de Olavide, quien, sin grandes cambios, reafirma su función educadora poniendo en práctica los ideales didácticos de la Ilustración y extendiendo su influencia al ámbito civil. La iglesia se convirtió así en la capilla de la Universidad hasta 1956, fecha de su traslado a la Real Fábrica de Tabacos, conservando su rica biblioteca y su noble edificio.
Si a esto se añaden el retablo mayor y las esculturas de la portada y del panteón, es fácil entender el alto contenido didáctico y artístico que posee esta iglesia, considerada como BIC (Bien de Interés Cultural) (fue declarada Monumento histórico-artístico perteneciente al Tesoro Artístico Nacional mediante decreto de 3 de junio de 1931).
En la fachada de la iglesia, levantada toda en fábrica de ladrillo, destaca su magnífica portada que se alza a los pies de la iglesia, se encuentra flanqueada por dos potentes columnas jónicas que soportan un alto entablamento con frontón recto que refleja el conocimiento de su autor por la obra de Palladio y el gusto por las arquitecturas cobijadas, propio del maestro cordobés.
La portada se encuentra dividida en dos cuerpos, el inferior formado por un gran arco de medio punto y dos hornacinas laterales, y el superior compuesto a modo de retablo, estructura su superficie en menudos cuadros que combina hornacinas y huecos rectangulares en una composición manierista de gran virtuosismo; y presenta en la hornacina central una imagen de la Virgen con el Niño realizada por Juan Bautista Vázquez el Viejo, y en las laterales dos imágenes del siglo XVII que representan a San Rafael y a San José.
En el brazo derecho del crucero se encuentra otra puerta de comunicación de la iglesia con el claustro, construida en 1568, compuesta por un arco de medio punto flanqueado por pilastras dóricas y rematado por un frontón recto.
La iglesia tiene planta de cruz latina, estando cubierta los dos primeros tramos con bóvedas vaídas, los brazos del crucero y la capilla mayor con bóvedas de cañón y el crucero con bóveda semiesférica. El coro se sitúa en alto, a los pies de la nave sobre un gran arco escarzano y el presbiterio se encuentra alzado sobre cinco gradas, de grandes dimensiones y altura.
La cúpula está decorada exteriormente con un revestimiento de azulejos. La torre, situada a la izquierda del presbiterio, carece de remate, estando formada por un cuerpo de campanas, con vanos de medio punto entre pilastras. El interior se encuentra parcialmente cubierto con pinturas murales realizadas en la primera parte del siglo XVIII, restauradas recientemente.
Si el contenedor constituye un capítulo importante de la historia de la ciudad y un ejemplo relevante de la arquitectura del humanismo andaluz, su contenido no le va a la zaga.
Consta de un gran arco que encierra un segundo retablo de estilo renacentista realizado por el propio artista entre los años 1580 y 1584; mientras que el arco y los cuerpos laterales son de fecha algo posterior, ya del siglo XVII, en concreto una reforma hecha por Blas de Escobar en el año 1655; consistente en una estructura externa a modo de arco triunfal, rematado por un ático, que se apoya sobre sendas calles laterales coronadas por frontones triangulares. La labor de dorado del mismo fue concertada en 1656 con el maestro pintor Francisco de Fonseca.
En el centro de la composición se encuentra la imagen de la Inmaculada, perteneciente a la escuela de Montañés, y en el cuerpo superior el grupo de Santa Ana con la Virgen y el Niño obra del propio Vázquez el Mozo.
Desde entonces los restos de ilustres sevillanos, como Lorenzo Suárez de Figueroa, Rodrigo Caro, Alberto Lista, Valeriano Bécquer y su hermano Gustavo Adolfo Bécquer, o bien fallecidos en la ciudad, como Benito Arias Montano, Fernán Caballero, o José Amador de los Ríos
En este lugar se encuentran varias tumbas de la familia Ponce de León. Estas estuvieron en la capilla mayor del Monasterio de San Agustín de Sevilla. Tras la destrucción de las tumbas por los franceses en 1810, se realizaron unas nuevas lápidas en 1818, costeadas por la duquesa de Gandía. En 1835 se produjo la desamortización del monasterio. Las tumbas fueron trasladadas a la iglesia a instancias del clérigo Manuel López Cerezo, con la autorización de los herederos, representados por el duque de Osuna, en 1840. Tras la creación del Panteón de Sevillanos Ilustres, fueron trasladadas a este lugar. Estas tumbas son:
Pedro Ponce de León el Viejo (m. 1352) IV señor de Marchena y Bailén y tataranieto del rey Alfonso IX de León y su esposa María de Ayala. Pedro Ponce de León. V señor de Marchena y tataranieto del rey Jaime I de Aragón; Juan Ponce de León, conde de Arcos y VI señor de Marchena, Fernando Ponce de León, Lope Ponce de León, Isabel Ponce de León.

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