Situado en la céntrica calle Doña María Coronel de esta ciudad, lo funda en el año 1374 una dama de ilustre familia sevillana, María Coronel, viuda de Juan de la Cerda. Esta fundación la lleva a cabo en el solar del palacio familiar de su padre, el señor de Aguilar, al que luego añadieron algunas casas contiguas, como la de Juan Rodríguez Tello, sobre la que posteriormente se levantaría la iglesia. Un total de cuarenta mujeres ingresaron en este convento en el momento de su fundación
El claustro principal o del herbolario, que aunque persisten reminiscencias del gótico-mudéjar, es de forma trapezoidal con arcos peraltados en la parte baja y rebajados en la planta alta, soportados por esbeltas columnas con acanto. Los cuatro lados de las dos galerías lo recorren balaustrada formada por pequeñas columnas de mármol. En el centro del patio hay una fuente recubierta de azulejos de tipo cuenca.
Desde este claustro se divisa la espadaña, construida en 1376. De estilo mudéjar, es la más antigua que se conserva en Sevilla. Su aspecto actual, en ladrillo visto, se lo dio una intervención de Rafael Manzano en la década de 1970.
En la galería alta hay buenas e interesantes pinturas realizadas al fresco, al estilo italiano, entre 1540 y 1550. En estos frescos aparecen representados 32 escenas del Antiguo Testamento alternadas con 75 santos y santas relacionados con la Orden de Santa Clara, enmarcados en simuladas hornacinas y soportes de fingidas ménsulas, decoradas con 38 grutescos y coronadas con el escudo franciscano de las cinco llagas sangrantes. Las escenas comienzan con la creación del hombre y acaban con la alegoría de la Inmaculada Concepción.
En el claustro del Noviciado encontramos pinturas murales de autor desconocido. También hay restos de pintura en el intradós de los arcos y en la cenefa del zócalo de hacia 1545 de estilo renacentista de la escuela sevillana.
A este claustro se abre el refectorio, cubierto con un artesonado de madera simulando casetones. Está presidido por una pintura mural, de autor desconocido, que representa la Última Cena, copia de la de Leonardo da Vinci. Las demás pinturas que decoran esta sala son copias de Murillo. Sus muros están cubiertos por un azulejo de tipo cuenca. En el lateral se encuentra el púlpito de rejería fechable en torno a 1600.
La sala de oraciones, que se utiliza como sala capitular, es una estancia cuadrada, se observa un banco a lo largo de sus muros, revestidos con azulejos de Cuenca del siglo XVI. Preside la sala un retablo que presenta la Sagrada Familia, atribuida al pintor Domingo Martínez, de siglo XVIII, a los pies de las tres figuras aparece una pareja de ángeles que portan carteles, por encima aparece la figura del Espíritu Santo llevado por dos ángeles. A los lados, los escudos de la orden franciscana y dominica, en los laterales, en dos cuerpos, hay representaciones de los arcángeles San Miguel, San Rafael y San Gabriel, y el Ángel de la Guarda. Otra pintura importante es la de San Juan Bautista con representaciones de algunas escenas de su vida.
Repartida a lo largo de los muros se encuentra una serie de
vitrinas donde se muestran las imágenes barrocas de un crucificado, de
la asunción de la Virgen, de San Francisco y de Santa Clara. La pieza escultórica más importante es una imagen de la Titular del convento, Santa Inés, atribuida a Pedro Millán, realizada en torno a 1500. Del siglo XIX son un niño Jesús y San Antonio de Padua.
La sala de profundis es un recinto cuadrado en forma de cuba, de origen islámico, parece ser resto de una pequeña mezquita o zauia, de construcción probablemente anterior a la reconquista de la ciudad, cubierto por una bóveda de diecisiete paños sobre trompas en los ángulos. Esta sala se utiliza como cementerio para las religiosas.
La puerta de entrada está decorada con finas yeserías mudéjares, copia de las que cubren el intradós del arco de la Puerta del Perdón de la Catedral, y los batientes de entrada están decorados con representaciones de Santa Clara, de San Francisco de Asís y representaciones heráldicas del siglo XVI.
Sus cuatro muros lo recorren un zócalo de preciosos azulejos de cuenca o arista del siglo XVI y el muro frontal está presidido por un crucificado realizado por Francisco de Ocampo, en 1630, y el fondo del dosel está pintado por Domingo Martínez con una decoración de ángeles con carteles e incendiarios. Además encontramos pinturas de anagramas y escudos realizados por Herrera el Viejo.
Varias vitrinas cobijan las imágenes de la Dolorosa, Santa Rita y Jesús de la Humildad, todas del siglo XVIII. La más importante es la del "Ecce Homo" que, según la tradición, un día de marzo de 1685 sudó sangre.
Otros elementos escultóricos interesantes son el de la Sagrada Cena, de mediados del XIX. Es una escena anacrónica y desproporcionada tomando protagonismo los elementos secundarios y el grupo formado por los personajes que representan escenas de Santa Clara, de gran calidad artística y pose teatral muy encontrada en el barroco sevillano.
En la enfermería alta encontramos el tríptico de la Inmaculada. De los noviciados antiguos solo se utiliza el espacio determinado a los lavaderos que se abren a la antigua huerta. Del noviciado alto parte un pasadizo que comunica la nave de los dormitorios con el claustro principal.



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