Está dedicada a quien fuera hijo del Almirante
descubridor de América, Hernando Colón.
La calle actual está formada por dos tramos que
desde su nacimiento estuvieron diferenciados. El primero, hasta la confluencia
de Florentín y Rodríguez Zapata, se llamó desde mediados del siglo XIV
Alfayates, porque aquí tenían tiendas los sastres. En tiempos de Peraza (s. XVI),
ya es conocido por Tundidores, por las tiendas de los artesanos dedicados a dar
el apresto y rematar la fabricación de paños de lana. Dicha denominación se
conservó hasta 1868. Aunque éste es el nombre que predomina, también se alude a
ella en el último cuarto del s. XVII como la de los Mercaderes de Paños, y en
un documento de 1721, de los Paños.
El segundo tramo era la calle principal de la
Alcaicería, barrio de tiendas de artículos selectos y de alto valor en el mundo
árabe. Por eso fue conocida con este nombre durante siglos, o por sus
variantes: en el s. XVI, Alcaicería de los Traperos y Alcaicería Mayor, para
diferenciarla de la inmediata al Salvador; en el s. XVIII Alcaicería de la
Seda. Ahora bien, el topónimo Alcaicería, en principio, tiende a designar todo
el conjunto, de ahí que en documentos de comienzos del s. XVI esta calle
aparezca como Traperos.
En 1845 se la rotula oficialmente Colón, en
memoria de Hernando Colón (1488- 1538), hijo del almirante Cristóbal Colón, y
gran bibliófilo, que donó a la Catedral su biblioteca. En 1868 dicho topónimo
se extendió a la vecina de Tundidores, y en 1892 se le dio la forma actual,
incluyendo el nombre, para diferenciar la del paseo de Cristóbal Colón, que era
rotulado ese mismo año. Como la Alcaicería contaba con sendos arcos en sus
extremos, éstos, designados con nombres propios, como de la Rosa, o de los
oficios ya indicados, sirvieron también para identificar este tramo de la
calle.
Desde los siglos medievales tuvo una morfología
distinta en cada tramo. El primero, descrito como callejón en un documento del
s. XVII, estaba formado por una serie de tiendas bajo soportales, que, al menos
en la acera de los impares, presentaba entrantes o rinconeras. El segundo era
la ya indicada Alcaicería, levantada por los almohades en 1196, al construirse
la nueva mezquita aljama, en el solar que hoy ocupa la Catedral.
Estaba aislada de su entorno por puertas, las
principales se encontraban en los extremos de este tramo, en la esquina de
Rodríguez Zapata y en la salida a Alemanes. A su vez, de ella partían, a ambos
lados, una serie de callejones, conectados entre sí, a los que se abrían
pequeñas tiendas y que comunicaban con calles vecinas (Gradas, Escobas), por la
izquierda el de Perros o Espantaperros, y por la derecha el de los Sederos;
otro era el de Lencería de los Hombres.
Durante los siglos XVI y XVII hay reiteradas
denuncias de usurpación del espacio público en ambos tramos, pues se avanzaban
las líneas de fachadas, se volaban los pisos superiores mediante pies derechos,
o se atajaban los soportales con tabiques. A lo largo del XIX se llevó a cabo
el proceso de total remodelación de la calle. De una parte, la privatización de
los callejones, iniciada en el XVIII, adquiere verdadera importancia en el
primer cuarto de la mencionada centuria. De otra, en la segunda mitad, se derriban
los arcos (1848 y 1854), y paulatinamente van desapareciendo los soportales,
cuyas columnas estaban pintadas de diversos colores, de los que todavía
quedaban ejemplares a finales del mismo. Fruto de estas operaciones es la calle
actual, que posee un trazado casi recto, con fachadas alineadas y mediana
anchura.
Hacia la mitad desembocan Rodríguez Zapata,
por la izquierda, y Florentín, por la derecha. En esta misma acera, un poco más
arriba, se encuentra un callejón estrecho, en ángulo recto: otros dos han
quedado privatizados en la acera frontera, por uno de los cuales se accede a un
bar; se trata de los restos de los que formaron parte de la primitiva
Alcaicería.
Existen noticias documentales de que en el s. XVI
estaba empedrada; este sistema se mantuvo hasta el s. XVIII, en que, al menos
algún tramo, estaba embaldosado. En 1868, fecha bastante temprana, se adoquina.
En la década de 1960 se vertió sobre el adoquinado una capa asfáltica, que ha
sido levantada recientemente y restaurado el pavimento de adoquines. Las
aceras, que a comienzos de siglo eran de cemento, hoy son de losetas.
La iluminación se efectúa por medio de farolas de
báculo. Hacia el centro de la calle en la acera de los pares se han plantado
unos naranjos en alcorques. Siglos atrás existió un pozo en la confluencia de
los dos tramos, que abastecía de agua a los vecinos. Las características de la
edificación hasta el pasado siglo parece que fueron bastante similares en las
dos partes. Un conjunto de tiendas de reducidas dimensiones, a las que
paulatinamente se les superpondría un piso alto, y casi ninguna casa de
habitación.
En una visita efectuada por las autoridades en
1679 se reseñan en Tundidores 26 tiendas, por seis casas-tiendas; en la
Alcaicería 33 tiendas, por una casa-tienda. A lo largo del s. XIX se fueron
derribando y se aprovecha para una remodelación total, que continúa a comienzos
del actual. Según González de León, ya en su tiempo (1839) se habían levantado
"bonitas casas". Fruto de dicha remodelación es la imagen actual, que
presenta un diseño de fachadas bastante uniforme, con tres plantas de altura,
balcones en las dos plantas altas, y rematadas en azoteas. En el callejón, el
caserío está muy degradado, con casas cerradas y abandonadas, y traseras de edificios
de calles inmediatas.
Los orígenes de la calle fueron comerciales y
así se mantuvo hasta el XVIII en que decae. La crónica árabe nos dice que, tras
la construcción de la Alcaicería, en ella se establecieron los perfumistas,
especieros, comerciantes de telas y sastres. En época castellana fue uno de los
centros del comercio de paños; aquí se encuentran traperos, o grandes
comerciantes de paños, sederos, tundidores, sastres.
En 1628 se ordenó que los plateros de oro y plata
y los alquimistas se asentasen aquí. El documento de 1679, al referirse al
tramo conocido como Tundidores, señala que una acera está ocupada por
mercaderes de paños y la frontera por tundidores. Sin embargo, el mismo ya
refleja el inicio de la crisis, pues bastantes tiendas están cerradas. Un siglo
más tarde, Matute la describe como lugar abandonado, cuyas tiendas son
utilizadas como almacén por los comerciantes de las calles vecinas,
especialmente de Alemanes.
No obstante, un documento de 1747 la incluye
entre las que obligatoriamente debían habitar los plateros, probablemente sería
el primer tramo, inmediato a San Francisco. En el XIX subsisten algunos
tundidores y se abre una fábrica de sombreros, pero su función más importante,
sobre todo tras los derribos y ampliación, será la de tránsito, como indica
Álvarez-Benavides, pues, al no existir la parte final de la avenida de la
Constitución, era un punto de obligado paso para salir de la ciudad desde la
mencionada plaza hacia el sur, a través de San Gregorio. Esto explica su temprano
adoquinado y que se incluyese en el recorrido del primer tranvía que se
estableció en la ciudad, en 1870. En la actualidad, casi todos los bajos están
ocupados por comercios y oficinas, entre los que abundan las filatelias.
Desde el s. XVII hay noticias de varios retablos.
En su inicio una pintura de un Calvario; hacia la mitad, próximo a una
barreduela, otro de madera dorada, dedicado a la Virgen de los Reyes, cuya
hermandad se hacía remontar a los siglos medievales, según escrito de 1694.
Ambos fueron desmontados en 1840, pasando el
segundo a la iglesia del Sagrario. En el arquillo que daba acceso a la
Alcaicería había otro dedicado a la Santísima Trinidad, y en el opuesto, uno de
la Concepción. En la casa que tenía en la Alcaicería el platero Eugenio Sánchez
Reciente, se pondrán los fundamentos de lo que, más tarde, será la Real Escuela
de las Tres Nobles Artes. En el siglo XIX existía un bar o taberna, conocida por
Julio César, citado por Luis Montoto, y cuyos escándalos nocturnos denuncia la
prensa de mediados de siglo
Se conservan
todavía algunos de los callejones de la antigua Alcaicería